Los mozos de Monleón

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Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 0084r

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Bibliografía

IGRH: 0371

Otras versiones de "Los mozos de Monleón"

Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 44), Atero Burgos (2003: n.º 114), Checa Beltrán (2005: n.º 26), Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 132), Piñero Ramírez (1996: n.º 111), Piñero Ramírez (2004: n.º 75), Piñero Ramírez (2014: n.º 72).

Ver referencias completas en Fuentes citadas abreviadamente.

Transcripción

En el pueblo de Segovia,     habitaba una viudita; 
tan solo tenía un hijo     para alivio de su vida. 
Ese hijo ha salido     un poquito aficionado;
ha querido ser torero     pa matar los toros bravos.
Una tarde en domingo,     como siempre acostumbraba:
—¡Madre, sácame la ropa,     que me voy a la corrida! 
—La ropa no te la saco     y a la corrida no vas,
porque los toros son bravos     y te pueden a ti matar.
—¡Madre, sácame la ropa;     si no, la pido prestá!
—La ropa no te la saco     y a la corrida no vas. 
¡Bendito rey de los cielos     y la virgen del Rosario!, 
que si a la corrida vas,     que te traigan en el carro.
Ya sale Manuel García     a matar el toro bravo; 
no asustarse señores,     que el toro ya está matado. 
Ya lo suben para arriba,     ya lo bajan para abajo, 
y en la puerta la viudita,     allí pararon el carro. 
Llamaron a la viudita,     y a la viudita llamaron; 
ya tiene usted aquí a su hijo,     ya puede amortajarlo. 
—¡Bendito rey de los cielos     y la Virgen soberana!
Esta fue la maldición     que te eché al salir de casa. 
A los siete u ocho días     la viudita salió al campo, 
berreaba y suspiraba     como aquel torillo bravo.

 

Resumen de "Los mozos de Monleón"

Una madre viuda quiere con locura a su único hijo. Cierto día, este le pide que le deje ropa para ir a torear. Su madre se opone porque tiene miedo de que muera en la plaza y, ante la insistencia del hijo, lo maldice para asustarlo y que así desista de su intento: le asegura que si va a la corrida, lo traerán muerto en un carro. El hijo busca ropa prestada y acude a la corrida. En algunas versiones, cuando los mozos se dirigen hacia la plaza, el caporal les aconseja que no entren a torear porque el toro es demasiado bravo. Durante la corrida, el toro empitona al muchacho y muere. En ocasiones, el moribundo pide confesión y los mozos tratan de llevarlo a la iglesia o llaman al sacerdote para que se presente en la plaza, pero no llegan a tiempo. Recogen el cuerpo sin vida del aficionado, lo suben en un carro y se acercan a la puerta de la viuda, a quien se lo entregan para que lo amortaje. La mujer se lamenta de haber maldecido a su hijo. A los pocos días, enloquece y sale al campo bramando como un toro. El narrador aconseja a las madres que no maldigan a sus hijos.