El bizco Cardales

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Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 0119n

Transcripción

Que tenía empeño e, e, el bizco Cardales de ir a una corrida de toros, y le dice a Joselito, se detenía un poco pa hablar, y le dice a Joselito, dice:
—Oye, Jo-, Joselito, ¿cuándo vas a una corrida?— Dice:
—Mira, el domingo que viene voy a dar una— Y dice:
—Pos bueno, y ¿yo que no tengo ropa?
—Tú te vas a la casa de mi madre, que mi madre te dará de la que yo tengo.
Total, que eso hizo. Fue allí a casa la madre y le pidió | y le dio un, un, un […], unos pantalones y unas chaquetas […]. Como los torreros, unas las llevan más oscuras, otros las llevan más claras y era un | era ropa clara. Eran casi, casi, casi, casi blancos los pantalones. Eran casi blancos los pantalones. (¡Calla!, que eran casi blancos los pantalones). Pero resulta que estuvo, estaba roto de una, de una cogida que él tuvo, estaba roto por el culo, y la pobre mujer, pues buscando a ver si encontraba un remiendo aparente, y viendo que no, pues vio allí uno negro y se lo puso, se lo puso. La pobre mujer sabía mu bien remendar y los puso.
Y entonces llega él tan contento el domingo allí a la corrida y le dice, le dice, le dice Joselito, dice:
—Tú te subes arriba y te fijas cómo yo la toreo.
Se subió y se metió allí entre medias de bastantes mujeres jóvenes q´había, y en cuanto le daba un pase Joselito al toro, se levantaba él y se ponía: 
—¡Ole leré!
Claro, las tías al levantarse, como le veían el remiendo negro [….] Y ya, a la dus o tres veces de hacer eso, pues ya el bizco Cardales va y le dice a las mujeres, se queda así mirando y dice:
—Oiga, señoritas. Oiga, señoritas, cada uno lleva el luto onde quiere. Yo lo llevo aquí en, en, en el culo.