Los entierros de dinero que hacía la gente de antes y sus riesgos

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Referencia catalográfica: 0202n

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Notas

Notas léxicas

artesa: ‘Cajón cuadrilongo, por lo común de madera, que por sus cuatro lados va angostando hacia el fondo y sirve para amasar el pan y para otros usos’ (DRAE, 2014). Según observamos en el NTLLE, esta voz se recoge desde los inicios de la lexicografía monolingüe del español: ‘El tronco de madero cavado en que se amasa el pan’ (Tesoro de la lengua castellana o española, 1611, de Covarrubias) y ‘Vacía grande prolongada, la qual es hecha de un madero cavado, y sirve para diferentes usos; el principal es el de amasar en ellas el pan’ (Diccionario de autoridades, 1726-39, de la RAE).

(Nota léxica de Marta Torres Martínez)

chancho: ‘Am. cerdo (mamífero)’ (DRAE, 2014). Según observamos en el NTLLE, este lema se incluye en el diccionario de la RAE a partir del DRAE (1914): ‘Amer. Cerdo’. No obstante, en la lexicografía extraacadémica se incorpora ya desde el siglo XIX, concretamente en el Nuevo diccionario de la lengua castellana (1846) de Salvá: ‘p. Amer. puerco y puerca’.

(Nota léxica de Marta Torres Martínez)

palo: ‘C. Rica, Hond., Méx., Nic., Pan., P. Rico y R. Dom. árbol (planta perenne). Palo de aguacate, de mango, de limón (DRAE, 2014). Esta acepción se introduce en el DRAE (2001).

(Nota léxica de Marta Torres Martínez)

pisto: ‘El Salv., Guat., Hond. y Nic. dinero’ (DRAE, 2014). Según observamos en el NTLLE, este significado se lematiza a partir del DRAE (1984): ‘Amér. Central y Perú. Dinero’. No obstante, en las ediciones de 1992 y 2001 solo se mantiene una marca diatópica, “Amér. Cen.”. En el ámbito extraacadémico se documenta ya en el Diccionario de la lengua española (1917) de Alemany Bolufer: ‘Amér. En Guatemala y Honduras, dinero’.

(Nota léxica de Marta Torres Martínez)

Bibliografía

Esta narración fue recogida en Martínez Reyes (2016: n.º 207).

Transcripción

El papá de mi esposa bien pobrecito era, pero sí trabajaba. Eh, ven- | engordaba chanchos* y vendía. Cuando le iban a pagar, en una artesa* de esas de lavar, ponía pa que le, pa que le contaran el dinero.
Pero ese dinero no se lo comía, sino que lo envolvía así con trapos, bien envuelto, y después lo iba a enterrar en un, en un cantarito de esos que | de guardar agua.
Eso lo llenaba y lo iba a enterrar al pie de algún palo*, como para seña que quedara el palo.
¿Qué pasó? Fíjese que él, cuando quería tomar café, no compraba, no, que mejor iba a pedir una tarea de pisto* para comprar el café. ¡Y teniendo pisto! Iba a pedir una tareíta de pisto para comprar el cafecito y el dulce.
Y antes de morirse le dijo a la, a la, a la doña de él:
—¡Mira —le dijo—, te quiero dejar algo! —le dijo—. Te voy a enseñar unos entierritos que tengo —le dijo.
Y lo fue | lo llevó y le fue a enseñar. ¿Qué pasó? Que, cuando llegó, solo el hoyo estaba, se lo habían sacado.
Y es que tenía una hija, mire, y la hija tenía en su escondite, así por fuera. Y se | y entonces vino la hija y se llevó al hombre que tenía, un hombre así, por fuera. Y no más que le sacaron el dinero.
Cuando él llegó, que quería enseñar dónde estaba, solo el hoyo estaba. Por eso le digo que la gente de antes no se comían el dinero, ni nada, mejor lo enterraban. Por eso a veces dicen que | varias, varias gentes dicen que ven luces así, pero es de algún entierro que hay.