Los músicos de los pueblos

Audio

Clasificación

Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 0298n

Informantes

Notas

Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00003 06).

Muchos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Catálogo Folclórico de la provincia de Valladolid.

Con respecto a las canciones, la informante declara que se solía reunir en Rueda con otros músicos para cantar jotas, sirviéndose de panderetas, guitarras, bandurrias y violines, mientras que un grupo de chicas bailaba. Ella solía cantar y tocar la pandereta.

Transcripción

Entrevistador: —Dígame una cosa, ¿y usted de quién aprendió el romance de Pernales?

Eusebia: —¡Uy! pero… pues que… y… yo lo oí cantar y como he sido | mucha memoria.

Entrevistador: —Tenía mucha memoria.

Eusebia: —Abogada no he sido, pero de memoria no me ha ganao nadie. ¡Nadie!

Entrevistador: —O sea que esto lo aprendió cuando estaba en Rueda.

Eusebia: —Y en la Nava, y en Rueda.

Entrevistador: —Y en la Nava y en Rueda. Y usted, cuando hacía estas sesiones de trabajo, cuando usted cantaba a las mozas y a los mozos para que bailaran, ¿usted les cobraba algo?

Eusebia: —Pues me daban cinco pesetas a la noche. Allí, toda la noche abriendo la boca y la garganta.

Entrevistador: —O sea, usted se pasaba toda la noche cantando y ganaba cinco pesetas.

Eusebia: —Eso era que allí había esas costumbres en aquellos tiempos. Yo tenía entonces de once a doce años, cuando yo cantaba la Nava.

Entrevistador: —¡Ah!, usted era muy joven, claro, era muy niña.

Eusebia: —Muy niña. Pero como canté siempre desde niña muy bien, pues me llevaban a tocar y a cantar. Los músicos decían: —Avisamos que nos traen la niña los Polleros—. Mis padres eran de Pollos, los Polleros. Y decía uno, que toca la guitarra, se llamaba Celedonio: —Avisad a la Pollerilla de Eustaquio—.  Yo ganaba al día cinco pesetas [...]. En aquellos tiempos, cinco pesetas era mucho. Ahora, mil pesetas no es nada.

Entrevistador: —¿Qué hacía usted con cinco pesetas? ¿Cuántas cosas podían comprar?

Eusebia: —¿Qué iba yo a comprar? Pues yo nada, nada. Yo era chica y na. A esas edades nadie, aunque se arreglara.

Entrevistador: —Ya, pero su madre, con… ¿se arreglaba con cinco pesetas? ¿Y compraba algo? ¿Para qué?

Eusebia: —¿Y mi pobre padre que ganaba cinco pe..., una peseta al día, seis pesetas a la semana? Cada peseta que le daba yo para estar por [...] ca semana. —Mamá, dame cinco pesetas pa esta semana—. ¡Trece hijos! Dígame usted lo que pasarían mis padres.

Entrevistador: —¿Trece hijos?

Eusebia: —Trece hijos tuvo mi madre, como yo.

Entrevistador: —¿Trece hermanos? ¿Doce hermanos tuvo usted?

Eusebia: —Doce y yo, trece. Y yo tuve también trece hijos.

Entrevistador: —¿A qué se dedicaba su padre?

Eusebia: —Mozo mulas.

Entrevistador: —Era mozo de mulas.

Eusebia: —Mozo de mulas. Y le reventó una mula al salir a arar un día. El día diecinueve de abril hace los años. Según salía a arar, empezó la mula a | cayó la mula [...] y a la misma puerta donde vivíamos, vivían mis padres, creo, pues allí le tiró y le [¿?]. Se llamaba Juan Hocico.

Entrevistador: —¿Usted se acuerda de algunos dulzaineros, que fueran a tocar cuando iba usted o cualquiera, de referencias?

Eusebia: —Celedonio y Celestino.

Entrevistador: —Celedonio y Celestino. ¿De dónde eran?

Eusebia: —De allí, de la Nava.

Entrevistador: —De la Nava. ¿Cómo se apellidaban?

Eusebia: —Pues no le puedo decir, porque entonces era una chica. Yo no me fijé en tanto.

Entrevistador: —¿Eran parientes? ¿Eran hermanos?

Eusebia: —No, eran del pueblo, claro.

Entrevistador: —¿Los dos tocaban la dulzaina, o uno la dulzaina y el otro el tamboril.

Eusebia: —No, no. Uno tocaban… Uno tocaba la guitarra y otro tocaba violín.

Entrevistador: —¡Ah, Guitarra y violín! O sea…

Eusebia: —Y otro tocaba bandurria, y era el Antonio. Ese no sé cómo se llamaba.

Entrevistador: —O sea que no era dulzaineros, ¿no?

Eusebia: —Sí, sí. Tocaban música buena. Yo, la pandereta y cantaba.

Entrevistador: —Pero de los que tocaban la dulzaina, la…, la…, la charambita.

Eusebia: —¡Ah, esos! No, no eran de allí de la Nava.

Entrevistador: —¿De dónde eran?

Eusebia: —Eran de eso… de… Ávila o Segovia. De ahí, de un pueblo de esos eran. Segovia y Ávila, que era de donde eran los dulzaineros que iban los domingos a tocar en la plaza mayor de la Nava, y allí tocaban y les pagaba el ayuntamiento.

Entrevistador: —¿Y la gente bailaba con la música que tocaban?

Eusebia: —Sí, alrededor de la plaza.