Las águedas y los cacharreros

Audio

Clasificación

Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 0361n

Notas

Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00005A 55).

Muchos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Catálogo Folclórico de la provincia de Valladolid.

Transcripción

Amalia: —Las águedas de esos pueblos ahora. Eso es ahora.

Informante 2: —¿Te acuerdas que en el día las águedas que hay en el pueblo se ponían en la bocacalle que venía [¿para arriba?] y, si no le dabas la propina y bebías de la bota, no te dejaban pasar?

Amalia: —Se ponían, iban a | Eran las…, eran las mujeres de los cacharreros, que entonces en Cantalapiedra casi to el mundo era cacharrero; iba a por tamuja y hacía los tornos al enrojar los hornos. Claro y decía: “To el pueblo cacharrero”. Era como si ahora ocurriera fuera, pues no quedaban más que los que son tractoristas y labradores; no hay cacharreros ya.

Pero entonces esas pues lavaban pa una casa, planchaban pa otra y así. Bueno, pues las pedían los sombreros. Es que antes, como se usaba tanto los sombreros pa bodas y pa todo eso. Los sombreros que tenían viejos se ponían, las pintaban las señoritas con unas pinturas… Las viejas ya, a lo mejor de sesenta años, mu pintadas. Y salían a | pa comprometer a los hombres a la calle, a todos, ¿no? Tenían que dar el dinero, pero cómo.

Recopilador: —¿Eso en qué pueblo era?

Amalia: —En Cantalapiedra. En…, en este, en… en Bobadilla yo no lo he | Se lo he oído a la Justina. Era igual.

Recopilador: —¿Había alfarería allí?

Informante 3: —En Cantalapiedra, mucha.

Amalia: —Mucho. Casi todo.

Recopilador: —¿Y ha desaparecido todo?

Amalia: —Todo, todo. Las tinajas que hay allí, pos ya, esas…, esas tendrán más de un siglo.

Informante 2: —Debe quedar uno o dos.

Recopilador: —¡Ah! ¿Queda alguno?

Informante 2: —Sí, debe de quedar alguno.

Amalia: —Pero es un barro muy malo.

Informante 3. —Es mu para el gasto, ¿sabe?

Amalia: —Yo eso los compraba | Pasaba uno al Arrabal, un cacharrero mismo de allí. Iba a comprar al Arrabal y pasaba por allí y yo le cogía los cántaros para los salladores y pa eso, algún d’ese. Eran más caros, pero…

Informante 2: —Era barro, barro, barro.

Informante 3: —Era para el uso, ¿sabe?

Amalia: —¿Sabe? Es que luego todos los…, los cacharreros eran los segadores de las cuadrillas. Y claro, rompían los cántaros, que si sale este cántaro, hacías más pa…, pa…, para ahorrar [ ¿…?] el cacharrero cuando se rompe uno. Allí uno le rompí adrede, ¿te acuerdas? Digo: —Hombre, que se te caiga, pero vamos, que romperles adrede…

Recopilador: —¿Y en las águedas se cantaba algo? ¿Cantaban algo las mujeres?

Amalia: —Pues no sé, porque yo no he ido en…, a las águedas.

Informante 3: —Es…, es una pena porque aquellas de la…, de la matanza tienen que saber más que Lepe.