Las lavanderas de la Fuente del Rey

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Referencia catalográfica: 0419n

Informantes

Notas

La informante sesea.

Transcripción

Tengo una [poesía] de la Virgen de las Mercedes, y hablo de los tierros | de los tiempos remotos, cuando íbamos andando, cuando no llevábamos —entonces no había tanta comida, ni tanto bar, ni tanto de na—. Mus íbamos andando, nos llevábamos unas alpargatillas pa’l camino; luego, nos llevábamos la talega, una talega con… lo que fuera: un conejo frito, otra | y asín, en cualquier casa. ¡Porque aquí venían munchas lavanderas! Esto era un lavadero que se llenaba to, to, to de, de, de, de gente, de lavanderas, ¿sabe osté? Y toas paraban aquí, en mi casa, en la casa de mis padres. Esta casa era mu chiquitilla, pero aquí paraba to’l mundo. Las lavanderas, las pobreticas, tenían a lo mejor cuatro o cinco muchachos y se los traían aquí. Venían las mamás con un peacico de pan:

—Anica, échale | échame aquí un poquito aceite pa mi niño en un joyico. —Ahí mi mamá le echaba aceite.

Y…, y si, si aquí estaban, se dejaban los trapos aquí pa otro día venir, ¿sabes? Esto era precioso, esto era de verdad u-, una joya, la Fuente Rey.

Pues ahí hay una pila que era donde —ya se lo he dicho, ¿no?—. Pues en esa pila nos metía mi madre pa irse a lavar, pero el lavaero está ahí mismo. Y…, y, y se llenaba la pila de muchachos. De, de allí no se bajaba nadie, de, de, de la pila. Y yo ahora digo: “Mía que, con lo malos que, que, que eran | con lo buenos que eran los muchachos, cualquiera mete aquí un muchacho y lo deja aquí to’l día”.