El pretendiente que vuelve del servicio y la reprimenda de la madre

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Que yo era un demonio con, con | Esta era bastante menos que yo, pero estaba una mijilla como yo, y se venía a mi, a mi casa mucho, y me pretendió un, un… ¿lo cuento asín, como fue? Verás. Me pretendió uno de aquí; se fue a la mili el muchacho. Y la ma- | y la hermana era mu amiga mía, la, la, ma, ma, ma, de la, la —¡espérate!— la hermana, la [¿…?], ¿cómo era?, Isabel la de Paños, que era mu amiga mía, la, la hermana del, del que se fue a, a eso. Le escribe desde la mili una carta a su hermana | a mí, pretendiéndome, y se la da a su hermana, porque, porque la hermana era mu amiga mía y a mí me la daba su hermana. Y mi mamá era asín, mi mamá era a fuerza de, de palos. Dieciocho hijos ha tenío mi madre, se casó con dieciocho años, se queó viuda con cuarenta y cuatro, y con cuarenta y cuatro tenía diez, diez hijos en la mesa, y, y dos que se le murieron, una con veinte años y un hijo con veinte años, que se lo llevaron con dieciocho años a la guerra y, de los sustos que pasó el pobretico, vino malico y mus se murió en nuestra casa. Se murió mi padre en el veintidós de, de, de marzo del 1938; y el 1938 el, el, en abril, un mes, mi hermanico muerto.
Y, ¿qué es lo que te estaba yo hablando de, de, de la guerra o de lo que fuera? ¡Ah, del, del, del pretendiente! Y mi madre era… la más guapa del mundo y la más lista y que había, que no había otra madre como la mía —no sus enfadéis, que cada uno que, que meta la mano en su pecho pa, pa defender la suya, pero yo defiendo a la mía—. Y entonces, pues teníamos una panaería. Se, se iba mi hermano a la leña; el otro, a traer el trigo; el otro, a amasar; el otro, a repartir el pan en Frailes, en Alcalá, en tos sitios; y yo, el ama de la bolsa. Bueno, era la que mandaba yo y disponía yo en mi casa y tos me tenían de, de, de jefilla, de jefilla.
Y entonces, pues me escribe la carta aquella y yo ni siquiera | Yo, tantas cartas como tengo, las tengo todas guardadas de mis novios, de mis pretendientes. ¡Tengo de pretendientes! Vienen mis nietas y las leen, y se mueren de risa de, de | Pero yo no les —bien lo sabe el Señor y, y, to los santos—, ni a mi me ha dao un pellizo nadie, ni un beso, ni yo he hablao por ventanas, ni na, pero lo que quería era divertirme de to el que pillaba.
Bueno, pues viene la carta, y me la da la mujer, la, la hermana. Y yo agarro mi carta y la, de momento la rajé. Pero él, cuando viene de la mili, pues viene a ver la contestación que le doy yo de la carta. Mi mama, mi madre, en el molino estaba con mis hermanos, que es el molino que hay ahí en la Ribera Baja, y venían toas las tardes con sus bestias llenas de pan, sus dineros, sus apaños, que vivíamos aquí, en la Ribera. Y le dice Isabelilla la de Conejo, dice:
—Tu niña tiene a Sal y Morena —que era el pretendiente, que le decían Sal y Morena de, de apodo, como a tantos les dicen sus apodos.
Y dice | ¡Y mi mama con lo que era! Viene con una caja de pan, y nosotros teníamos, mi hermana y yo, teníamos que llevar a los cortijos (a los Socuelos, a los Chiqueros, a, a la, a la Casería, aquí a la, a la del Sevilla), y llevábamos una fanega de pan y nos traíamos un costal de trigo pa moler toa la noche.
Y entonces, cuando viene mi madre, y yo | Y, y viene a mi casa, venía de nuevo puesto así, ¿era guapo o no [¿…?]?, con una pelliza nueva y mu preparao. Y una agüilla cayendo. Y mi cuñá y yo sentás en la puerta, ¡mi cuñá Rafaela, que era…! Y, cuando yo lo vi a Sal y Morena, y yo veía que mi mama estaba pa venir ya, ya, ya, yo:
—¡Vete! ¡Que te vayas! ¡Que te vayas! ¡Que te vayas! —Con que se fue.
Pero mi madre, que llegó, dice:
—Toma, lleva este pan a Tobalete —no—, a la Puerta. Lleva el costal de pan con el mulo a eso, que te echen el trigo—.
Teníamos unos almendros en la puerta con unos, unas varas de grandes de almendro. Pues la agarró y dice:
—¿Quién te ha mandao a ti que venga Sal y Morena aquí a la casa?—.
Digo:
—Yo no me ha mandao, yo es que ha venío porque ha querío—.
Palo va, palo viene. Entra la sastra y la Isabelilla y dice:
—Pero, Frasquita, pero, ¿qué vas a hacer?—.
Dice:
—A esta la mato yo. Esa no me quiebra a mí los ojos con ese niñato, que a qué ha venío aquí a mi casa. ¡Y la, y la mato! ¡Es que la mato! —Pero eso era pa asustarme.
Y entonces agarró —¡espera!— agarró mi hermano el mayor y viene y dice:
—¿Qué pasa?—.
Yo agarré cuando pillé y me metí en un cuarto y me atranqué la puerta pa que no me pegara más. Y me dice | Y viene mi hermano el mayor y dice:
—¿Qué pasa?—.
Y dice:
—A esta la mato yo, la mato yo—.
Dice:
—¿Por qué?—.
Dice:
—Sal y Morena, que me se presenta a mí sin poderlo yo ver aquí—.
Dice:
—No seas tonta, que arrepe- | que el hocino —dijo— se lo pones enf- | el pescuezo en la cabeza y se lo cortas —le decía mi hermano.
Pero eso de risa decía to esas cosas. Y to eso me lo contaba a mí la sastra y la d’esa y eso.