San Antonio y los pájaros

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Clasificación

Informantes

Notas

La informante lo titula Romance de San Antonio y asegura que lo cantaban las mujeres mientras realizaban las tareas de la casa y los hombres mientras araban.

Debido a problemas técnico, los primeros dos versos, editados entre corchetes, no quedaron registrados en la grabación.

Notas léxicas

cuco: desde el DRAE (1884), según constatamos en el NTLLE, se recoge la equivalencia ‘cuco. cuclillo’. En esta misma edición el cuclillo se define como ‘ave de paso, de color ceniciento, lustroso y por debajo blanco sucio, rayado transversalmente de pardo. La hembra, según opinión común, pone sus huevos en los nidos de otras aves’. En el DRAE (2014) encontramos una definición más técnica y menos subjetiva: ‘ave trepadora, poco menor que una tórtola, con plumaje de color de ceniza, azulado por encima, más claro y con rayas pardas por el pecho y abdomen, cola negra con pintas blancas, y alas pardas, cuya hembra pone sus huevos en los nidos de otras aves’. Una definición similar hallamos en el DEA (1999): ‘ave trepadora de cabeza pequeña y plumaje gris, que habita en los bosques, y que se caracteriza por su canto y porque la hembra pone los huevos en los nidos de otras aves’. En el TLHA se registra y, por tanto, se reconoce como andalucismo. Encontramos una acepción, vinculada a la provincia de Jaén, que nos interesa: ‘mochuelo, ave estrigiforme, de unos 20 cms. de altura, que se alimenta de roedores y reptiles’.

(Nota léxica de Marta Torres Martínez)

Bibliografía

Publicadas las variantes a 58.01 en Anaya Flores (1986: p. 145).

IGRH: 0194

Otras versiones de "San Antonio y los pájaros"

Alcalá Ortiz (2003: n.º 4024); Alcalá Ortiz (2006: pp. 138-149); Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 35); Atero Burgos (2003: n.º 71); Barrios Manzano y Jiménez Rodrigo (2002-2003: n.º 130); Benítez Sánchez (1999: pp. 277-278); Benítez Sánchez (2000: pp. 270-273); Checa Beltrán (2005: n.º 21); Díaz (2007: C.1); Escribano Pueo, Fuentes Vázquez y Romero López (1990: pp. 17-21); Esteve Faubel (1998: pp. 1206-1209); Foxo (2011: pp. 68-69); Gómez Garrido (2012: n.º 160); Heredia Menchero (2017: n.º 70); Hernández Fernández (2010: n.º 25-26); Majada Neila (1984: n.º 45, 46); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 194); Moreno Moreno (2016: n.º 92); De Mur Bernad (2015: n.º 75, 76); Nieves Martín (2010: n.º 517); Pimentel García (2020: n.º 332); Piñero Ramírez (1996: n.º 69); Piñero Ramírez (2004: n.º 53); Piñero Ramírez (2013: n.º 122); Piñero Ramírez y Atero Burgos (1986: pp. 126-127); Piñero Ramírez y Atero Burgos (1987: n.º 79); Rico Beltrán (2009: n.º 102); Schubarth y Santamarina (1986: n.º 74a); Trapero (2000a: n.º 203); Trapero, León Felipe y Monroy Caballero (2016: n.º 198); Trujillo Pacheco (2017: n.º 58).

Ver referencias completas en Fuentes citadas abreviadamente.

Estudios

RODRÍGUEZ PASTOR, J. (1996). Algunas manifestaciones folkloricas en torno a san Antonio de Padua. Revista de Folklore, 16 (186), 84-98.

TRAPERO, M. (1990). Los romances religiosos en la tradición oral de Canarias. Madrid: Nieva.

Transcripción

[Antonio divino y santo,     suplícale a Dios inmenso,
me dio su gracia divina     de alumbrar mi entendimiento]
para que mi lengua     refiera el milagro
que en el güerto orastes     de edad de ocho años.
—Desde niño fui nacido     con mucho temor de Dios,
de mis padres estimado     y del mundo almiración.
Fui caritativo     y perseguidor
de todo enemigo     con mucho rigor.
Mi padre era un caballero     cristiano, honrado y prudente,
que mantenía su casa     con el sudor de su frente.
Aún tenía un güerto     que donde él cogía
cosechas de  fruta     que el tiempo traía.—
Por la mañana un domingo,     como siempre acostumbraba,
se marchó su padre a misa,     cosa que nunca olvidaba.
Y le dijo:  —Antonio,     ven acá, hijo amado,
mira que te tengo     que dar un recado.
Mientras yo esté en  misa,      gran cuidado has de tener,
mira que los pajaritos     todo lo echan a perder.
Entran en el güerto,     pican del sembrado,
por eso te encargo    que tengas cuidado.—
Cuando se ausentó su padre     y a la iglesia se marchó,
(y) Antonio quedó cuidando     y a los pájaros llamó:
—Venir, pajaritos,      dejar el sembrado,
que mi padre ha dicho     que tenga cuidado.—
Cuando vio venir su padre,     entonces los mandó callar,
y se puso en la puerta     y le empezó a preguntar:
—¿Qué tal, Antoñito,     qué tal, hijo amado,
has cuidado bien     de los pajaritos?      
—Padre, no tengo cuidado,     que para que no hagan mal,
que para que no hagan mal      todos los tengo encerrados.—
El padre que vio     milagro tan grande
al señor obispo     trató de avisarle.
Ya viene el señor obispo     con grande acompañamiento;
todos quedaron confusos      (y) al ver tan grande aposento.
Lleno de alegría     san Antonio estaba
y los pajaritos     ¡qué alegres cantaban!
Abrieron ventanas,      puertas a la par
por ver si las aves     se quieren marchar.
Entonces dijo san Antonio:     —Señores, nadie se agravie,
los pájaros no se marchan     mientras que yo no lo mande.—
Se puso en la puerta     y los dijo así:
—Vaya, pajaritos,     ya podéis salir.
Salga el cuco*, la urraca,     tórtolas y codornices,
salga el pavo, la gorrión,     halagüeñas y perdices.—
Ya que toditas salieron,     todas juntitas se ponen,
escuchando a san Antonio     y a ver lo que las dispone.
—Marcharos por montes,      sin ir al sembrado,
marcharos por montes,      por riscos y prados.—
Al tiempo de alzar el vuelo,     cantan con grande alegría,
despidiéndose de Antonio,     de toda su compañía.
El señor obispo,     al ver tal milagro,
por todas las partes     mandó publicarlo.
Antonio divino,  puente de grandiosidad,
expósito de mandades,     padre de hermosa piedad.
Antonio divino,     por tu intercesión
todos merecemos     la eterna mensión.

Resumen de "San Antonio y los pájaros"

El padre de san Antonio acude un domingo a misa y le encomienda a su hijo que tenga cuidado de que las aves no estropeen el sembrado. El niño llama a los pájaros y los encierra dentro de una habitación. Cuando Antonio ve que su progenitor vuelve a casa, manda callar a las aves. El padre le pregunta si ha cumplido con su encargo y el niño le contesta que tiene a los pájaros encerrados en una habitación. El padre queda estupefacto y llama al obispo para que vea el milagro. Una vez en casa de Antonio, el obispo y sus acompañantes abren las ventanas y las puertas para que las aves se marchen, pero Antonio asegura que no lo harán hasta que él no lo ordene. A continuación, el niño les pide a las aves que salgan. Estas lo hacen y se reúnen fuera de la habitación esperando nuevas instrucciones del santo. Este les ordena que se marchen sin picar en los sembrados. Los pájaros se despiden y se marchan.