Rosita encarnada

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Clasificación

Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 0513r

Informantes

Notas

La informante le da el título de Ya venimos de la guerra de África.

Carmen Díez Anaya, de 33 años, no interviene prácticamente en la canción, aunque al principio estaba dispuesta a cantar; ante algunas lagunas de la informante, Carmen le recuerda algunos versos.

Tras el v. 30b, la informante dice: "A los tres momentos del crimen", pero enseguida rectifica y continúa con el v. 31.

Bibliografía

IGRH: 5019.9

Publicado en Anaya Flores (1986: pp. 90-92).

Otras versiones de "Rosita encarnada"

Alcalá Ortiz (2003: n.º 3913); Alonso Fernández et alii (2017: n.º 23); Atero Burgos (2003: n.º 183); Barrios Manzano y Jiménez Rodrigo (2002-2003: n.º 113); Benítez Sánchez (1999: p. 295); Cid (1974: n.º 33); Díaz (2007: E.13); Escribano Pueo, Fuentes Vázquez y Romero López (1990: pp. 183-184); Heredia Menchero (2017: n.º 1007); Jaén Castaño (2018: n.º 527, 528); Majada Neila (1984: n.º 92); Manzano Alonso (2003: pp. 642-645); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 172); Moreno Moreno (2016: n.º 157); Pimentel García (2020: n.º 807); Tejerizo Robles (2007: n.º 408-409); Tomé Fernández (2009: p. 354).

Contaminaciones y engarces

El moribundo + Rosita encarnada (Pérez Rivera, 2015: n.º 296).

Ver referencias completas en Fuentes citadas abreviadamente.

Transcripción

—Ya venimos de la guerra de África,     porque todo lo trae el amor;
ya venimos de la guerra de África,     porque todo lo trae la pasión.
Y al marcharme, Rosita Encarnada,     tú juraste que tú me esperabas,
y ahora vengo a casarme contigo,     y ahora vuelvo y te encuentro casada.
—Casadita, casadita estoy,      que la ley me hizo el volver
de casarme en la flor de mi vida     con un hombre al que yo nunca amé.
—Dame un beso, Rosita Encarnada,     dame un beso de esos del amor,
que en tu pecho ha tocado otro hombre     y en tus labios quiero besar yo.
—Ese beso que tú a mí me pides     (y) ahora y nunca te le puedo dar;
ese beso se le ha dao a otro hombre    con el que ahora me encuentro casá.
—Ese beso que yo a ti te pido     (y) ahora y siempre tú me lo has de dar,
y si no con mi mano derecha     (y) en tu pecho clavaré un puñal.
 —Si tú tienes puñal de dos filos     que mi pecho pueda traspasar,
matarás a una hermosa criatura     que dentro de mi cuerpo estará.
—Yo no mato a esa hermosa criatura     porque viva en el mundo inocente;
pero el día que ella venga al mundo     (y) a ti sola te daré la muerte—.
A los tres días tuvo una niña     más hermosa que la hora del sol,
y por nombre la pusieron Rosa,     Rosa como su madre mandó.
A los nueve días sale a misa,     (y) en la calle fue y se la encontró:
—Buenos días, Rosita Encarnada,     ahora vengo a lograr mi intención.
—No me mates, por Dios, no me mates,     no me mates, tener compasión,
que ese beso que tú a mí me pides     ahora y siempre te le daré yo.
—¿No te acuerdas del pañuelo grana     que de novio yo te regalé?
Dámele, si es que tú no le has roto,     que en tu nombre yo le romperé.
—No me acuerdo del pañuelo grana     ni de varios regalos que hiciste;
solo de un costurero de plata     donde tú mi retrato pusiste.
No me mates, por Dios, no me mates,     no me mates, tener compasión,
que ese beso que tú a mí me pides     ahora y siempre te le daré yo.
—Ya no quiero besos de tus labios,     lo que quiero es lograr mi intención—.
Se ha sacado el puñal de dos filos     y en su pecho fue y lo traspasó.
—Si mi amado marido supiera     que la muerte tú me ibas a dar,
conducido a la cárcel irías     y la guardia civil por detrás—.
A los tres momentos del crimen     su amado marido llegó:
—Dime, dime, Rosita Encarnada,     dime, dime quién te asesinó.
—Me ha quitado la vida aquel hombre     que de novios le juré el amor,
y al volver y encontrarme casada     (y) ha tratao de quitarme el honor—.
Esta carta que yo dejo escrita     se la den a las mozas solteras;
que no juren amor, que no juren,     que no juren amor que no quieran.
Corran, corran, corran las cortinas,     que a Rosita ya la pueden ver,
que está muerta en un jardín de flores     a los pies de un soldado cruel.

Resumen de "Rosita encarnada"

Rosita Encarnada es novia de un muchacho al que reclutan como soldado para la guerra de África. Cuando este vuelve, la encuentra casada con otro, aunque ella asegura que fue en contra de su voluntad. Él le pide un beso, que ella le niega, y la amenaza de muerte. Rosita le pide que espere hasta que dé a luz, pues, de lo contrario, matará a una criatura inocente. Una vez nacida la niña, el muchacho va en su busca y la apuñala. En algunas versiones se incluye una advertencia a las mozas solteras para que no se entreguen a quien no quieran.