El sultán y el reyezuelo [ATU 984]

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Referencia catalográfica: 0570n

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Esta versión, transmitida en cabileño, ha sido traducida y anotada por Óscar Abenójar.

Transcripción

Cuentan que una vez la esposa de un sultán le propuso a su marido que convocara a todos los pájaros del reino. La sultana quería reunirlos en palacio para tejer una almohada con las plumas de cada una de las aves.

Todos los pájaros acudieron a la cita y enseguida le entregaron sus plumas, todas excepto el reyezuelo, que llegó demasiado tarde, cuando todas las demás aves ya se habían marchado.

Entonces el sultán le dijo:

–¿Y tú por qué no has llegado a tiempo? ¿Por qué has tardado tanto?

–He llegado tarde porque me entretuve reflexionando sobre algunos asuntos de la máxima importancia –respondió el reyezuelo.

Y entonces el sultán le preguntó intrigado:

–¿Y se puede saber sobre qué reflexionabas?

–Pues primero estuve pensando en los días y en las noches –dijo–. Me preguntaba cuál de los dos sería más largo. Después me pregunté si en este mundo habrá más hombres o más mujeres. Y por último pensé en cuáles serán los más numerosos, si los vivos o los muertos.

–Está bien. Y dime, ¿qué conclusiones sacaste? –le preguntó el rey todavía más intrigado que antes.

–Pues he deducido que la luz de la luna, la que vemos por la noche, es un complemento de la luz del día; luego estimo que los días son más largos que las noches. En lo relativo a la segunda cuestión, pienso que los hombres que viven sometidos a sus mujeres deben contar como mujeres, no como hombres. Por lo tanto, hay más mujeres que hombres. Y en lo que respecta a los vivos y a los muertos, me parece que una buena persona que ha fallecido seguirá siempre presente entre los vivos. La gente la recordará y la evocará a menudo por ser muy querida. Deduzco, por lo tanto, que es como si no estuviera muerta; luego hay más vivos que muertos.

Y en cuanto el reyezuelo hubo acabado su argumentación, el sultán le dijo:

–Puedes irte, “señor” reyezuelo.

Y desde aquel día todo el mundo en Cabilia le llama al reyezuelo “señor reyezuelo”[1].

 

[1] Reyezuelo (cab. si bus): la partícula si que precede a algunos nombres de pila sirve para poner de relieve la nobleza de linaje. En el presente cuento, el rey le asigna el apelativo al ave como premio a la sapiencia de la que hace gala.