Los huidos llegan al cortijo

Audio

Clasificación

Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 0605n

Informantes

Recopiladores

Notas

Este registro ha sido recopilado en el marco del proyecto de I+D (Excelencia) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades “Documentación, tratamiento archivístico digital y estudio lexicológico, histórico-literario y musicológico del patrimonio oral de la Andalucía oriental” (referencia: FFI2017-82344-P), financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

Agradecemos la ayuda prestada por Ángel Padilla Romero, alcalde de la localidad.

Transcripción

En ese cortijo eso era | pues to la vida hemos estao. Cuando se acabó la guerra, como empezaron a venir gente | se salían de los pueblos porque los mataban. En la guerra habían hecho cosas y los mataban. Y se salían de los pueblos. Y en ese cortijo, una tarde oscureciendo, se hicieron presentes tres hombres ahí, con tres pistolas. Llegaron: —¡Buenas tardes!—. Buenas tardes—. Aquí venimos que tiene usted que dar a esta gente de comer y vamos a dormir aquí—. Eran sobrinos de esta gente, de don Lorenzo Emilio.

Pues les hicieron de comer, pero en el cortijo no entraba na más que uno. Los otros estaban en la era paseando. Había una era en la puerta del cortijo y estaban paseando. Comía uno, se salía aquel, entraba otro y comía el otro. Y ya que estuvieron allí | y ni se acostaron tampoco. Estuvieron allí paseándose y un hermano mío entró al corral, que había otro, y dijo: —Vete a Huesa, le dices a don Lorenzo, que hay aquí dos sobr- | que dicen que son sobrinos de él, que nosotros no lo sabemos—. Ni los conocíamos. —A ver, que bajen ellos, a ver si ellos los reconocen, a ver—. Entonces fue un hermano mío, se lo dijo al médico, bajó el médico y sí eran sobrinos de él.

Pero allí asomaron a la casa. Por la situación que | que tuvieron que | que los mataban. Y ellos quisieron que se fueran [¿rápido?]. Le dijo don Lorenzo: —Por la mañana—. Por la mañana no, esta noche. Cuando sea de día, que estéis en la estación, aquí no. Y no paséis más por aquí—. Aquella noche, mi hermano y mi padre los llevaron a la estación. Se montaron en el tren y entonces no los vimos más. Pero luego, como aquello se ve que dieron parte y ya ellos | y to aquello que | el jaleo que liaron. Pues aquello tuvo que ir mi padre a Jaén a declarar. Mi padre no había salío nunca del cortijo. No había visto ni el tren. Un hermano mío se fue con él a Jaén a declarar y le dijeron allí, el que | a donde declaró, le dijeron: —¿Cuánto tiempo lleva usted en el cortijo?—. Dice: —Pues llevo treinta años—. Dice: —Pues, que sepa usted que tiene usted más derecho que los señores al cortijo—. Dijo mi padre: —No, ese cortijo es de ellos y yo he trabajao toa mi vida ahí—. Y ahí están todavía. Ahí está el padre de esta.

Y mi hombre, yo | esto ya | yo era chica y él también. Contaba que otros seis hombres fueron allí al cortijo de, de Rodrigo, que le decían el cortijo | tenía un hijo. Dice que estaba él en un sitio que le decían “Los Amaores” con sus amigos. Y llegaron aquellos tres hombres al cortijo, que el cortijo estaba, bajabas un camino, que estaba ahí y ahí se quedaba. Y bajaba un muchacho de Los Amaores y dice: —Cipriano—. Dice: —En tu cortijo hay ladrones—. ¿Y él qué hizo? Pues irse pa el cortijo. Y eran de | gente de aquella que salía | les daban también lo mismo | que les hicieran de comer y les hacían de comer y los hombres estaban allí en la puerta del cortijo. Cuando vieron a aquel que subía, le echaron la escopeta a la cara pa tirarle. Y mi suegro empezó a decir: —Por favor, no le tiren ustedes, que es mi hijo, que no va a pasar na. Ustedes se pueden ir por donde quieran—. Y no le tiraron. Pero que estuvo a punto que lo mataran.

            Y en mi casa tenían una escopeta mis hermanos y nos hicieron pasar con la escopeta que pa qué. Fueron y la escondieron. La escopeta ahí en una risca que había, pa que no se la quitaran. Y un señor que había allí, sabía que tenían escopeta. Pero había otro que tenía que cazar aquel día. Y les dijo aquel señor | les dijo: —Deje usted aquí la escopeta—. Y ellos, que querían traérselos a la cárcel porque no daban la escopeta. —Traiga usted aquí la escopeta, que la escopeta la recojo yo mañana—. Y por aqu- | y a un hermano mío, que le decían Sebastián, ese señor le puso la escopeta en el pecho pa tirarle. Pero aquí no pasó na. Aquí no mataron a nadie tampoco. Luego la escopeta lo mismo, que na | que ya no la vieron más mis hermanos la escopeta. Pero se la llevaron también.