La tormenta en la Sierra de Cazorla

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Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 0686n

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Notas

Este registro ha sido recopilado en el marco del proyecto de I+D (Excelencia) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades “Documentación, tratamiento archivístico digital y estudio lexicológico, histórico-literario y musicológico del patrimonio oral de la Andalucía oriental” (referencia: FFI2017-82344-P), financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

Transcripción

También me acuerdo, una vez que fuimos | ahí íbamos a trabajar mi hermana, eh, la cuñá de mi hermana y mi amiga la que, la que no me quería enseñar a bailar fandango, y yo. Nos fuimos por el Cantalar, para arriba, a cruzar la cuerda a trabajar al Pecho de las Instancias, que está pasao [¿?]. Y, y una noche, cuando terminamos el trabajo | pues claro, aquí, las mujeres, entonces, no iban a trabajar. Las mujeres que iban a trabajar entonces, eso se veía como una cosa fea, una cosa mala. Y aquí, pues todas las mujeres más o menos tenían sus padres, tenían sus hermanos, se iban a trabajar por ahí y, cuando venían, pues traían dinero para | Pero mi madre, al estar viuda, que hacía poco tiempo que eso, pues claro, nosotras teníamos que ir a trabajar. Y me acuerdo que hubo una tormenta grandísima, grandísima. Y terminamos de trabajar a media tarde y nos habíamos llevao una cesta, una canasta con botellas de conserva, que entonces la conserva se metía en botellas, sartenes, ollas, de todo para guisar, porque allí en la caseta nos dieron una habitación, pero de lo demás teníamos nosotras que ponerlo. Y mi hermana dice que nos venimos pa casa, cayendo, mira, cayendo rayos y centellas como [¿no ha habío otra vez?]. y subimos to un pecho que hay para arriba, a la luz de los, de los relámpagos íbamos andando por el camino. Y cuando llegamos arriba del to, había una caseta que se llamaba los Hoyos de Muñoz y la hermana de | la cuñá de mi hermana decía: —Agustina, vámonos a los Hoyos de Muñoz y mañana salimos, chiquilla, que esta noche fenecemos por ahí. Esta noche nos, nos matamos por ahí—. Y mi hermana, que mi hermana ha tenío siempre mucho, mucho genio, se levanta y se pone: —Pero, ¿tú estás tonta? ¿Tú te crees que nos vamos a ir mañana pa que to el mundo se vaya por ahí riendo de nosotras al vernos con los petates y las canastas colgás a los hombros?—. Total, que nos vinimos aquella noche. Y con la luz de los relámpagos veíamos las raíces de los pinos porque, claro, como había llovido mucho, la raíz del pino queda al descubierto. Y mi amiga, me acuerdo que traía un petatillo. Unas traíamos una ca-, cesta, otra | y los petatillos de las matas que nos habíamos llevao enrollás. Y me acuerdo que mi amiga tropezó en una raíz y se le cayó el petatillo por encima de la cabeza. Mira. Y cuando llegamos a mi casa empapaítas, empapaítas de sudor | de, de todo lo que estaba cayendo, de agua que estaba cayendo, mi madre se quedó que pa qué. Y otro día viene la madre de mi amiga y dice: —Fermina, pero, ¿tú sabes algo de las chiquillas? ¿Que tú te crees que con las tormentas, que dicen que terminaban ayer, vendrán o no vendrán?—. Y le dice mi madre: —Mire usted pa adentro, pa allí pa la cama—. Estábamos | ¡Y quería pegarle a su hija! Y mi madre dice: —Pero, pero, tía Julia, ¿le va usted a pegar a la chiquilla encima de que vinieron anoche empapaícas las pobres, que pa qué?—. Bueno, pues to eso ha sío nuestra vida.