Anécdotas sobre la guardia de Franco en Cazorla

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Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 0718n

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Notas

Este registro ha sido recopilado en el marco del proyecto de I+D (Excelencia) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades “Documentación, tratamiento archivístico digital y estudio lexicológico, histórico-literario y musicológico del patrimonio oral de la Andalucía oriental” (referencia: FFI2017-82344-P), financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

Transcripción

Que estábamos | de la guardia que él trae | lo que es alrededor de, de la Torr- | alrededor del edificio, pues hay monte, monte bajo, sobre todo. Y allí nosotras, me acuerdo que salíamos a tender las | los | lo de la limpieza de cocina y eso, los paños y lo de limpiar. Cuando terminábamos, lo, lo lavábamos y salíamos a tenderlo al monte bajo, porque no había ni cuerdas. Entonces se tendía en cualquier sitio. Y me acuerdo que estábamos allí tendiendo y enseguida nos sale de entre ahí, camuflao entre las matas, chist, chist, chist. Nos quedamos así. —Fuera, fuera, fuera, venga, quitaros de ahí. Iros de ahí que nosotros tenemos órdenes de tirar | de, de disparar al más mínimo movimiento que veamos—. Y nos fuimos.

Y me acuerdo que un año iba una señora ahí a Cazorla, que tenía una posada, que la llamaban la Abundia. No sé si seguirá la posada esa. Y era la señora que iba a hacerle lo del servicio de la guardia. No sé la guardia, los civiles qué harían. Allí un montón de militares que pa qué. Y, y uno de los que estaban haciendo guardia, pues se ve que se, se fue el hombre a hacer sus necesidades allí en el monte mismo, donde estaba. Y se ve que se quedó medio adormicao y se le cayó la pistola. Bueno, pues que se levantó, se cogió, se subió sus pantalones y no se acordó. No se miró ni la pistola. Eso es verídico, eso te lo estoy diciendo que lo he vivido, que lo he visto. Y entonces aquel hombre, pues tú veras, entonces si él | si Franco se hubiera enterao, o el jefe de Franco se hubiera enterao, lo hubieran fus-, fusilao allí mismo. Porque eso es una cosa que su puesto, con tanto que lo guardaba, imagina que por allí pasa cualquiera y coge el r-, el revólver aquél, la pistola y mata a Franco. Y entonces, el hombre, pues se fue a la Abundia llorando, pero llorando como un chiquillo recién nacido, y le contó lo que le había pasao. Y entonces, la Abundia, pues se ve que lo, lo comentó entre los militares, porque ella era la que hacía la comida pa tos los militares y nosotras las que les servíamos la comida y eso. Y el compañero que lo relevó, pues se la encontró. Y fue y se la entregó. ¡Madre mía de mi vida, pues tú verás! Menuda alegría porque aquel hombre, ¡madre mía! Vio a Dios.