San Antonio y los pájaros

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Archivo sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00002 03).

Título indicado en las anotaciones de campo: "San Antonio y los pajaritos".

Muchos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Catálogo Folclórico de la provincia de Valladolid.

Bibliografía

IGRH: 0194

Otras versiones de "San Antonio y los pájaros"

Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 35), Atero Burgos (2003: n.º 71), Checa Beltrán (2005: n.º 21), Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 194), Piñero Ramírez (1996: n.º 69), Piñero Ramírez (2004: n.º 53), Piñero Ramírez (2014: n.º 122), Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 333).

Ver referencias completas en Fuentes citadas abreviadamente.

Transcripción

Divino Antonio precioso,     suplícale al Dios inmenso,
que por tu gracia divina     alumbre mi entendimiento,
para que mi lengua     refiera el milagro
que en el huerto obrasteis     de la edad de ocho años.
Desde niño fue criado     con mucho temor de Dios,
estimado de sus padres     y del mundo admiración.
Fue caritativo     y perseguidor
de todo enemigo     de la redención.
Su padre era un caballero     cristiano, honrado y prudente,
que mantenía su casa     con el sudor de su frente.
Y tenía un huerto     donde en él cogía
cosechas de frutos     que el tiempo traía.
Tocaron un día a misa,     domingo por la mañana;
sale su padre a la puerta     y a su hijo le llamaba:
—Ven acá, Antoñito,     ven acá, hijo amado;
escucha, que tengo     que darte un recado.
Mientras que yo estoy en misa,     gran cuidado has de tener,
mira que los pajaritos     todo lo echan a perder:
entran en el huerto,     pisan el sembrado,
por eso te digo     que tengas cuidado—.
Se marchó su padre a misa,     como siempre acostumbraba.
Antonio quedó encargado     y a los pajaritos llama:
—Venid, pajaritos,     no entréis en los sembrados,
que mi padre ha dicho     que tenga cuidado.
Para que yo mejor pueda     cumplir con mi obligación,
voy a encerrarles a todos     dentro de esta habitación—.
Lleno de alegría     san Antonio estaba
y los pajaritos     alegres cantaban.
Sale su padre de misa,     y a todos mandó callar;
llega su padre a la puerta     y le empezó a preguntar:
—Ven acá, hijo mío,     ven acá, hijo amado,
de los pajaritos,     ¿qué tal has cuidado?—.
Y su hijo le responde:     —Padre, yo le he cuidado,
que, para que no hagan mal,     todos les tengo encerrados—.
Su padre, que vio     milagro tan grande,
al señor obispo     trató de avisarle.
Acudió el señor obispo     con grande acompañamiento,
quedando todos confusos     al ver tan grande portento.
Abrieron ventanas     y puertas a la par,
por ver si las aves     querían volar.
Y san Antonio le dice:     —Señores, nadie se agravie,
que las aves no se van     mientras que yo no las mande.
Vaya, pajaritos,     no entréis en los sembrados;
iros por los montes,     riscos y los prados—.
Al tiempo de alzar el vuelo,     todos cantan de alegría,
despidiendo a san Antonio     y a toda su compañía.
El señor obispo,      que vio tal milagro,
por diversas partes     mandó publicarlo.
Y san Antonio precioso,     árbol de la humanidad,
fuente de la caridad,     propósito de bondad.
Antonio precioso,     por vuestra intercesión,
merezcamos todos     la eterna mansión.

Resumen de "San Antonio y los pájaros"

El padre de san Antonio acude un domingo a misa y le encomienda a su hijo que tenga cuidado de que las aves no estropeen el sembrado. El niño llama a los pájaros y los encierra dentro de una habitación. Cuando Antonio ve que su progenitor vuelve a casa, manda callar a las aves. El padre le pregunta si ha cumplido con su encargo y el niño le contesta que tiene a los pájaros encerrados en una habitación. El padre queda estupefacto y llama al obispo para que vea el milagro. Una vez en casa de Antonio, el obispo y sus acompañantes abren las ventanas y las puertas para que las aves se marchen, pero Antonio asegura que no lo harán hasta que él no lo ordene. A continuación, el niño les pide a las aves que salgan. Estas lo hacen y se reúnen fuera de la habitación esperando nuevas instrucciones del santo. Este les ordena que se marchen sin picar en los sembrados. Los pájaros se despiden y se marchan.