La devota de san Antonio

Audio

Clasificación

Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 0832r

Recopiladores

Notas

La informante indica que el título de este romance es En Cádiz una mujer.

Aclaraciones léxicas:

urnia: por urna.

en carne en tus entrañas: el sentido es 'soy carne de tus entrañas'.

convesor: por confesor.

Bibliografía

IGRH: 5058

Versión publicada en Anaya Fernández y Anaya Flores (1999: pp. 137-139; música p. 198; procedencia y peculiaridades p. 215).

Otras versiones de "La devota de san Antonio"

Alcalá Ortiz (2003: n.º 3893); Alcalá Ortiz (2006: p. 135); Alonso Fernández et alii (2017: n.º 70); Atero Burgos (2003: n.º 317); Barrios Manzano y Jiménez Rodrigo (2002-2003: n.º 114); Benítez Sánchez (1999: p. 308); Benítez Sánchez (2000: p. 260); Checa Beltrán (2005: n.º 53); Esteve Faubel (1998: pp. 1136-1139); Fraile Gil (2013: n.º 69); Hernández Fernández (2010: n.º 28); Higueras Martínez y Aguilar González (2000: pp. 136-137); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 193); Moreno Moreno (2016: n.º 208); Pimentel García (2020: n.º 901); Piñero Ramírez y Atero Burgos (1986: p. 150); Rico Beltrán (2009: n.º 93); Trujillo Pacheco (2017: n.º 77).

Ver referencias completas en Fuentes citadas abreviadamente.

Estudios

ATERO BURGOS, V. y VÁZQUEZ RECIO, N. (1997). Hacia una tipología del romancero milagroso en un corpus del sur. En José Manuel Lucía Megías (ed), Actas del VI Congreso Internacional de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval (Alcalá de Henares, 12-16 de septiembre de 1995), vol 1., 191-200. Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá.

Transcripción

En Cádiz, una mujer     viudita y con una hija,
joven de buen parecer,     quince años tenía Rita.
Devota del santo     era aquella joven;
lo lleva en su pecho     como corresponde.
Lo tiene en su dormitorio     en una urnia* metido;
le rezaba a san Antonio:      ―Concederme lo que pido;
de que mi mamá     mude pensamiento;
quiere comerciar     con mí de mi cuerpo―.
Al momento entró la madre:     ―Dime qué has pensado, Rita;
estamos pasando hambres,     siendo tú tan rebonita.
Hay un caballero     que me quiere dar
cantidad en dinero     por tu honestidad―.
Rita contestó llorosa:     ―Eres una mala madre,
en carne en tus entrañas*,     y quieres vender mi sangre.
Si quieres que yo,     que por el dinero
venda yo mi honor―.     Entró el caballero.
La madre cerró la puerta,     solos quedaron los dos;
el caballero se sienta:     ―Yo no mancho vuestro honor;
pues dime qué santo     es tu devoción.
―Solo san Antonio     es mi convesor*―.
Rita quedó vacilando     y cobrando mucho aliento,
porque la cara del santo     parecía el caballero.
―Pues dime quién sois.     ―Hoy bajo del cielo,
yo soy san Antonio     ―dijo el caballero―.
Me enteré que vuestra madre     quería vender tu honor;
yo paseaba la calle,     me hizo señas de amor;
yo entré en tu casa     y sobre seguro
le entregué a tu madre     cuatrocientos duros.
―Me vendió como una esclava,     conmigo podís contar;
pero sacarme de casa     y al lado de mi mamá.
―Pues yo soy soltero,     no puedo casar;
solo san Antonio     os puede premiar.
―Yo no me puedo casar―.     El caballero contesta:
―Si a monja querís entrar,     hablaré con la abaesa;
os compraré el dote,     será lo mejor.
―Monja seré siempre,     Antonio, en tu amor―.
Dice Rita: ―¿De qué forma     iremos vos en compaña?―.
Volviéndola una paloma,     la sacó por la ventana.
Llegan al convento,     saltaron las tapias;
al caer al güerto,     el santo le ampara.
Dice: ―Levanta, mujer,     que ya estás en salvación,
que yo soy el de tu urnia,     Antonio el que te libró―.
Se hincó de rodillas,     le pidió perdón:
―Monja seré siempre,     Antonio, en tu amor.

Resumen de "La devota de san Antonio"

Una viuda pobre quiere prostituir a su hija. Esta le suplica socorro a la efigie de san Antonio que tiene en su cuarto. En ese mismo momento, la madre le anuncia que hay un caballero rico que ofrece una buena cantidad de dinero por su honor, y lo hace pasar. Una vez a solas, el caballero le asegura que no manchará su honor. La muchacha le suplica que la saque de casa, a cambio de lo cual, le ofrece su mano. Él le asegura que no puede casarse, pero le promete pagarle la dote para ingresar en un convento. Ambos salen de la casa, a veces el santo transforma a la joven en una paloma que sale por la ventana. Una vez llegan a los jardines del convento, el santo le revela su verdadera identidad. En algunas versiones, la madre se extraña de que el caballero no salga de la habitación. Al entrar en ella, se encuentra una carta en la que se le recrimina por su mala acción. Junto al papel, se arrastra una serpiente, la cual se enrolla a su cuello y la mata.