El mal de ojo

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Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 0874n

Informantes

Recopiladores

Notas

Otras personas presentes en la grabación: Maria Pop, Silvia Borşa.

Notas de Alexandra Chereches:

Se explican algunos detalles de la creencia más extendida en el territorio rumano, la referente al mal de ojo, muy común entre los pueblos semitas e indoeuropeos (Dundes, 1992 y 1980). Puede tratarse de una afección típica de los recién nacidos, sobre todo, de aquellos que aún no han sido bautizados y que, por tanto, se hallan en un estado especial, faltos de protección, al igual que la madre, quien era considerada impura durante la cuarentena (Zarb, 1982). Los síntomas más habituales del mal de ojo en los niños son el insomnio, el dolor de cabeza, los vómitos y mareos, los llantos, etc. Cuando aparecen algunos de estos males, no solo se recurre al bautismo de emergencia, sino que se realiza un ensalmo para curar, consistente en la pronunciación de unas palabras mágicas, que la informante no recuerda. Solía tratarse de versos mágicos que terminaban con: “si lo ha aojado una mujer, que le exploten los pechos. / Si lo ha aojado un hombre, que le revienten los testículos” (para mayor información sobre la performance en el siglo XX, véase Murgoci, 1923). En el vídeo, tan solo se menciona que se reza el padrenuestro, a la vez que se encienden nueve cerillas. El simbolismo del número tres y del nueve es habitual en todas estas creencias. Si las cerillas caen al fondo del vaso, se concluye que el afectado ha sido víctima de mal de ojo; si flotan, no ha sucedido el aojamiento (véanse rituales similares en Pócs, 2004). La víctima ha de beber el agua con carbón mediante tres partes distintas de la taza y se la unge con el líquido en diferentes partes del cuerpo. Es relevante arrojar el agua que sobra a espacios liminales como los goznes de las puertas (que permiten la entrada y la salida del mal), así como a animales relacionados con poderes diabólicos, como los gatos o los perros. Una de las medidas apotropaicas es portar la ropa del revés, para evitar que el mal se aproxime a la persona. Las fórmulas típicas al visitar a un recién nacido conllevan otros comportamientos de protección como el hecho de escupir (“ptui, ptui”), puesto que la saliva es otro elemento característico de los rituales mágicos, al constituir un remanente del propio cuerpo (Mauss, 2001). Dedicar a los bebés apelativos como “feo” permite combatir el mal gracias a la inversión de términos: si se alaba en demasía, el mal de ojo aparece fácilmente. Como afirma la informante, es mejor no mencionar las posesiones o no mostrar interés por ellas, en un contexto de bien limitado (Foster, 1965) donde todo lo que se posee (sea en el orden material o en el espiritual) está sujeto a la envidia de la comunidad (Foster, 1972).

Bibliografía

Dundes, Alan (1980). “Wet and Dry, the Evil Eye”, en Interpreting Folklore, Bloomington: Indiana University Press: 93-133.

Dundes, Alan (ed.) (1992). The Evil Eye. A Casebook, Wisconsin: The University of Wisconsin Press.

Foster, George M. (1972). “The Anatomy of Envy: A Study in Symbolic Behavior”, Current Anthropology, 13.2: 165-186.

Foster, George M. (1965). “Peasant Society and the Image of Limited Good”, American Anthropologist, 67.2: 293-315.

Mauss, Marcel, (2001) [1902]. A General Theory of Magic, Robert Brain (transl.), London/New York: Routledge.

Murgoci, Agnes (1923). “The Evil Eye in Roumania, and its Antidotes”, Folklore, 4: 357-362.

Pócs, Éva (2004). “Evil Eye in Hungary: Belief, Ritual, Incantation”, in Jonathan Roper (ed.), Charms and Charming in Europe, New York: Palgrave Macmillan: 205-227.

Zarb, Tarcisio (1982). “Birth and the Evil Eye”, Civilization, 2, 49-50.

Transcripción

[Alexandra Chereches] —¿Se hablaba sobre el mal de ojo?

[Maria Şerbănaţi] —Sí.

[Alexandra Chereches] —¿Me puede explicar algo? Algo sobre los recién nacidos, por ejemplo…

[Maria Şerbănaţi] —Pues lo del mal de ojo me pasó también a mí, debe saberlo usted. Tenía un niño de dos semanas. Y vino alguien a visitarnos, con regalos. Pero esa persona era de la familia, no era un extraño, por decirlo así. Y empezó a alabar al niño: “Dios mío, pero ¡qué hermoso es! ¡Dios mío, pero qué gordito es, dios mío…!”. Pues así… En fin, yo no me di cuenta, porque, hombre… son niños… Por la noche, mi marido se había ido a trabajar. Me quedé sola en casa con los niños y el bebé no paraba de llorar… Por esa época, no era como hoy, que te preocupas por todo y estás todo el tiempo detrás del bebé para que no llore y eso. Y ya entrada la madrugada, el niño se durmió. Y yo me alegré de que por fin se durmiera. Me desperté por la mañana y me puse a hacer las cosas de la casa porque iba a llegar mi marido. Cuando llega mi marido, dice: “¿qué tal está el niño?”. Porque se refería al más pequeño, que era el tercero. Y digo: “déjame en paz, que menuda noche me ha dado, llorando todo el tiempo”. Y fue a verlo: “pobrecillo mío…”. Y cuando le quitó la manta, lo vio con los ojos en blanco. “¿Qué le pasa al niño?”. Dios mío, estaba como…

[Silvia Borşa] —Desmayado.

[Maria Şerbănaţi] —Desmayado… no lo habíamos bautizado aún, porque solo tenía dos semanas de vida… ¡Dios santo! Vino a vernos mi vecina, esta, la de aquí atrás y le apagó cerillas. Y es cierto que lo llevamos rápidamente donde el pope, para que lo bautizara. Lo llevamos al hospital. Y la causa, claro… las cerillas fueron al fondo del vaso… Mi suegra lo llevó a bautizar porque yo había dado a luz tan solo dos semanas antes, no pude ir. Fue mi suegra y le apagó cerillas y dijo que las tres veces las cerillas fueron al fondo.

[Alexandra Chereches] —¿Y cuando van al fondo qué significa?

[Maria Şerbănaţi] —Dicen que le han aojado. Sufre mal de ojo. Y lo llevamos al hospital: porque, por culpa del mal de ojo, le subió la temperatura, como no había parado de llorar, ya le dije… toda la noche… Y tuvo pulmonía. Y lo pasamos mal. Pero… luego, yo aprendí de los demás que debía ponerle a mi hijo la ropita al revés: la camisita interior siempre se la ponía al revés. Y ya… no volví a tener problemas así… Pero yo jamás me imaginé… Es que [la persona que lo aojó] se encariñó mucho con él y le echó mal de ojo. Yo no sé si la mujer tenía…

[Maria Pop] —Intención.

[Maria Şerbănaţi] —No, seguro que no tenía intención. Lo que no sé es si aojó a alguien más…

[Silvia Borşa] —Pero ¿quién podía aojar? Los que tenían algo…

[Maria Pop] —Los cejijuntos… decían.

[Maria Şerbănaţi] —No, pero le voy a decir otra cosa que me pasó: mi marido compraba, por ejemplo, una cría de cerdo. [Y yo los alababa]: “¡madre mía, lo buenos que son estos cerditos!”. ¡Pues esos no crecían!

[Silvia Borşa] —Precisamente por…

[Maria Şerbănaţi] —¡Precisamente porque eran los que a mí me gustaban! Yo no sé si he aojado a alguien, no sé si aojo hoy en día… Nunca me ha pasado eso: que me dijeran que aojé a alguien… Pero, precisamente por ello, nunca voy al mercado a elegir… Lo que [mi marido] trae, eso sea. Aunque sea malo, yo digo que es bueno y basta. Ya no me fijo en eso… Y [cuando hago eso,] me va bien.

[Silvia Borşa] —Y, para evitar el mal de ojo, ¿qué se decía? La familia…

[Alexandra Chereches] —Aparte de ponerle la camisa al revés…

[Silvia Borşa] —Cuando alguien viene a visitarte: “ptui, ptui, que no te aoje…”. Cuando vas a ver a los recién nacidos…

[Maria Şerbănaţi] —Le hacías una marca, sí, es verdad, cuando ibas a visitarlo. Decían que no es bueno alabar demasiado. Bueno, eso lo decían antes, porque ahora ya no te dejan: lo que hacías antes era no alabarlo demasiado y mejor le llamabas feo…

[Silvia Borşa] —Y escupías así…

[Alexandra Chereches] —¿Qué significa eso?

[Maria Şerbănaţi] —Escupes: “¡ptui, ptui, qué feo eres!”. O: “¡ptui, ptui, feíllo!”. O lo que fuera… Y se decía que no le robaras el sueño…

[Alexandra Chereches] —¿Qué significa eso?

[Maria Şerbănaţi] —Un adulto no duerme lo mismo que un niño… Un niño debe dormir mucho… Y, entonces, cogías una pelusa de tu ropa y se la echabas al niño o a su cama y decías: “ptui, ptui, que no te aojes”, y le dejabas el sueño… Decías que era para que el niño durmiera, que por algo es niño, debe dormir.

[Silvia Borşa] —¿Y qué fórmula debías decir para el mal de ojo?

[Maria Şerbănaţi] —Existía la típica frase… debías decir algo… Yo nunca llegué a pronunciar ensalmos porque no me sabía los versos… Hacía una cruz con cada cerilla, tres… nueve cerillas: cogía nueve cerillas, las ponía en tres momentos diferentes y cada tres cerillas rezaba un padrenuestro y hacía tres cruces. Luego, otras tres cerillas, otros tres…

[Silvia Borşa] —Padrenuestros…

[Maria Şerbănaţi] —El padrenuestro…

[Silvia Borşa] —La taza con agua…

[Maria Şerbănaţi] —Sí… traía agua del pozo, agua no comenzada, en el cubo. La ponía en una taza. Y lo que ya le dije: tres cerillas, un padrenuestro y tres cruces. Otras tres cerillas, otra vez… nueve veces. Luego se la daba de beber al niño…

[Silvia Borşa] —¿Y se decía algo como que: “si te ha aojado tal…”?

[Maria Şerbănaţi] —No, porque yo no me sabía esas palabras.

[Alexandra Chereches] —Entonces, únicamente el padrenuestro…

[Maria Şerbănaţi] —Sí, el padrenuestro y le daba de beber tres veces, le ungía el pecho… La frente, el pecho, las palmas de las manos… Y el agua que sobraba la tiraba, por ejemplo, sobre el perro, o al gozne de una puerta… que sea fuera, siempre, que no sea dentro de la casa: en la puerta de afuera, en una valla… algo así. Y decía lo siguiente: “que el mal que tiene mi niño pase a ti”.

[Alexandra Chereches] —Se vorbea despre deochi?

[Maria Şerbănaţi] —Da.

[Alexandra Chereches] —Îmi explicaţi puţin? La nou-născuţi, de exemplu…

[Maria Şerbănaţi] —No, cu deochiu’ şî io am păţât-o, să ştiţi. Am avut un copil de doi ani, de două săptămâni era. Ş-o vin’t cineva cu merinde. Da’ sin’ o vinit cu merinde o fost din familie, nu străin, să zîc aşa. Da’ atâta s-o mai mnirat: “Vai, frumos îi! Vai, cât i de rotund, vai, cât îi…”. Ia aşa… În fine… n-am băgat de samă, că doră amu… îs copii şî… Nóptea bărbatu-mnio o fost la lucru. Io am fost numa’ cu copii acasă şî numa’ copilu’ tăt o plâns… Atunsi nu mai eram chiar atâta: vai de mine, copilu’ numa pe pălmi, să nu plângă sau… aşa seva. Şî când o fost de cătră dimineaţă numa’ o adurmit copilu’. Dacă o adurmit, no bin’ că dórme. M-am sculat să-mi fac treburile că-mi vine bărbatu’ di la lucru. Când o vin’t bărbatu-mio di la lucru, o zîs: “no, se fase copilu?”. Aşa avé el năravu’, de întreba de ultimu’, că era a trilea copil. “Lasă-l în plóia lui, zîc, că tătă nóptea o plâns!”. S-o dus la el: “O, săracu’ lu ticu…!”. Şî cand l-o desfăcut, era cu uăchii-nturnaţî. “Tu, se-i cu copilu’?”. Vai de min, copilu’ era aşa…

[Silvia Borşa]— Leşînat.

[Maria Şerbănaţi]— Leşînat… era nebotezat, că doră era de două săptămâni… Dómne sfântule! O vinit aisi vesina asta din-apoia căsî… I-o stâns cărbuni. Da-ntradevăr, l-o dus un, doi, la popa de l-o botezat. L-am dus la spital. Din cauza totuşi… cărbunii i-o mers în fund… Socră-mea încă s-o dus, c-apă’ io eram nascută de două săptamâni, nu m-am dus cu el. S-o dus socră-mea şî i-o stâns carbuni, zâse că de tri uări tăţî o mers în fund.

[Alexandra Chereches] —Şi când merg în fund ce se-ntâmplă?

[Maria Şerbănaţi] —Zîse că îi deuăchét. Îi deuăchét. Şî l-am dus la spital: din cauza deochiului, temperaturii, copilu’ o plâns, cum vă spun, tătă nóptea o plâns… O făcut aprindere de plămâni. Ş-am trudit cu el. Dacă… dupaia, am fost învăţat şî io de alţi oamini să port copilu’ cu o hainiţă pe dos: cămăşuţa de corp întătdeauna i-o dădém pe dos. Şî nu mai… n-am mai avut aşa probleme cu el… Dar aprinderea de plămâni l-o-nturnat de câteva uări. Asta o fost dintr-o cauză… Da’ nu m-am gândit… Da’ totuşi i-o fost pré drag şî totuşi s-o deuăchét copilu’. Nu ştiu dacă femeia o avut…

[Maria Pop] —Intenţii.

[Maria Şerbănaţi] —Nu intenţii, intenţii sigur n-o avut… [Nu ştiu dacă] o mai avut probleme să deoache pe sineva sau…

[Silvia Borşa] —Dar cine deochéu? Care aveau ceva…

[Maria Pop] —Sprânsenile să zâseu…

[Maria Şerbănaţi] —Nu, da’ să-ţi me spui seva din experienţa me: o cumpărat bărbatu-mio, să zâsem, un pursel: “îmi plac… aşa de bine-mi plac purseii ăştia…!”. Ăia porsi nu să fac!

[Silvia Borşa] —Di se…

[Maria Şerbănaţi] —Di se mni-o plăcut mie aşa de bine! Nu ştiu dacă am deuăchet, nu ştiu dacă deuăchi… Nu am păţît nisiodată să si deuăchét io pe sineva… sau aşa seva să ştiu… Dar, în privinţa asta, nu mă duc la târg să cumpăr… se aduse, cât ii de rău, ii bun, lasă-l acolo, în bjata lui… Nu-l me bag în samă… ş-atunsea îi ok, îi bine.

[Silvia Borşa] —Şî că sa nu să deóche… ce să zicé? În familie…

[Alexandra Chereches] —Înafară de a-i pune cămaşa pe dos…

[Silvia Borşa] —Când iţi vine sineva: “ptui, să nu-i deochi…”. Când te dusi la copii misi…

[Maria Şerbănaţi] Îi punéi un sămn, da, întradevăr, când meréi cu merinde, aia da. Să nu fasi… zâsé aşa. Amu, îi mai modernă lumea, nu-ţi mai permite aşa… Nisiodată să nu lauzi pre mult copilu’ respectiv: mai bin’ să zâsi că-i urât…

[Silvia Borşa] Să-l scuipi aşa…

[Maria Şerbănaţi] Să-l scuipi: “ptui, ptui, că eşti urât!”. Sau: “ptui, ptui, urâţălule!”. Sau te mniri se… Şî da… zâse să nu-i iei somnu’…

[Alexandra Chereches]Ce înseamnă?

[Maria Şerbănaţi]Un om matur nu dórme ca un copil… Un copil trebe să dórmă bine… Ş-atunsi luai o scamă di pe tine ş-o punéi pe copil sau pe patu’ copilului şî [ziceai]: “ptui, ptui, să nu te deuăchi”, şî-i punéi somnu’… zâséi copilu’ să dórmă, că de-aia-i copil, să dórmă.

[Silvia Borşa] Şî la deochi, care era modu’ de a…

[Maria Şerbănaţi] La deochi era zâcala… trăbuié să zâsi seva… Io am ajuns să descânt, nu am ştiut se să zâc… făsém cruse la fiecare chibrit, făsém tri… nouă chibrite: luam nouă chibrite, le puném în tri răstâmpuri, tăt la tri chibrite zâsém un Tatăl Nostru şî făsém tri crusi: încă tri chibrite, încă tri…

[Silvia Borşa] Un Tatăl Nostru…

[Maria Şerbănaţi]Un Tatăl Nostru…

[Silvia Borşa] Într-o cană de apă…

[Maria Şerbănaţi]Da… adusém apă di la fântână ca să sie neînsepută. Luam într-o cană cu… din găleată… Şî asa cum vă spun: tri chibrite, un Tatăl Nostru şî tri crusi. Alte tri chibrite, altu… de nouă ori. Dupaia, îi dădém la copil, la respectivu’…

[Silvia Borşa] Şî cum să spuné: “pui, pui, dacă eşti deochiét de…”.

[Maria Şerbănaţi]Nu zâsém că nu ştiém.

[Alexandra Chereches] —Da, deci Tatăl Nostru şi aşa…

[Maria Şerbănaţi]Da, Tatăl Nostru, îi dădém să beie de tri uări, îl unjém pe piept… în frunte, pe piept şî in palme… Şî apa aia o ţâpam… zâsé aşa: pe un câne, pe o ţâţână de uşă… afară, bineînţăles, că nu în casă, pe o uşă de afară, la un pălant, la seva… Şî zâsém aşa: “rău’ ce îi pe copil sau aşa, să treacă pe tine”.