Pulgarcito [327B]

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Clasificación

Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 0982n

Recopiladores

Notas

El alumno indica que se la contaban de pequeño.

Este archivo forma parte de la colección del IES Duque de Rivas, Rivas-Vaciamadrid. Agradecemos la colaboración de los familiares del alumnado, del profesorado implicado y del Equipo Directivo del IES, que permitió llevar a cabo este proyecto.

Transcripción

Había una vez una familia en la que el padre era un leñador y la madre era ama de casa. Y tenían siete hijos. El más pequeño nació de un tamaño de un pulgar y le llamaron Pulgarcito. Un día, al darse cuenta los padres de que no podían alimentar a sus siete hijos, el padre y la madre decidieron abandonarlos en el bosque con la excusa de ir a buscar leña. Pero Pulgarcito escuchó la conversación desde, desde el pasillo y, entonces, advirtió a todos sus hermanos. Para no quedarse perdidos en el bosque, cogió un puñado de piedras y, al irse al bosque, por el camino fue dejando las piedras por el camino para cuando les dejasen solos saber por dónde volver a casa. El padre, eh, el padre se fue a la casa y los dejó a ellos solos. Y los hermanos empezaron a llorar. Pero Pulgarcito dijo:

No os preocupéis, yo sé el camino. He dejado un puñado de piedras por el camino cuando íbamos a buscar leña y ahora sabemos por dónde volver.

Los hijos volvieron a casa y los padres, los padres volvieron a intentar dejarlos en el bosque. Con la excusa otra vez de ir a buscar leña, esta vez Pulgarcito decidió coger migas de pan para volver a casa. Pero al ir dejándolas por el camino, los pájaros se las fueron comiendo. Y al quedarse solos en el bosque, Pulgarcito se dio cuenta de que las migas no estaban. Entonces, todos empezaron a llorar y emprendieron la búsqueda de su casa. En medio del camino, encontraron una casa y llamaron a la puerta para pedir que si les dejaban dormir allí. Les abrió una mujer y que les advirtió de que en esa casa vivía un ogro, vivía un ogro que comía carne humana, carne humana. Pero la mujer les dejó pasar de todos modos. Se escondieron debajo de la cama para que el ogro no los pillase, pero al llegar el ogro a casa, empezó:

¡Huele a carne humana!

El ogro empezó a rebuscar por toda la casa para encontrarles y, al mirar debajo de la cama en la que dormía, encontró a los siete hijos. Dijo que les iba a comer, pero la madre le convenció de que lo hiciera al siguiente día. Entonces, les dejó dormir en una habitación en la que también vivían dormían sus siete hijas. Pulgarcito, para no ser comidos, como era muy listo, pues Las siete hijas tenían unas coronitas encima de la cabeza, entonces, se las puso a los siete hermanitos y a él. Entonces, el ogro, a la mañana siguiente, se comió a las hijas, porque pensaba que eran los niños. Y Pulgarcito se escapó. El ogro, al darse cuenta de que se había comido a sus propias siete hijas, pues decidió ir en busca de ellos. Se puso sus botas de siete leguas y emprendió la y empezó a perseguirlos por el bosque. Como esas botas eran mágicas y podían recorrer muy largas distancias en muy poco tiempo, pues casi les alcanzó. Pero el ogro, al estar muy cansado, se durmió en una piedra. Pulgarcito, muy silenciosamente, le quitó las botas de siete leguas y ataron al ogro. Y volvieron a la casa del ogro. Y le dijo a la mujer que tenían el ogro y si no querían que lo mataran, que les dieran toda la plata y el oro que tuvieran. La mujer se lo dio. Y siguieron buscando el camino a su casa. Y al encontrarla, volvieron con toda la plata y el oro y sus padres se alegraron mucho. Y vivieron felices y comieron perdices.