La Virgen romera

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Notas

Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00006A 03).

Título indicado en las anotaciones de campo: "El rey y la Virgen romera".

Muchos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Catálogo Folclórico de la provincia de Valladolid.

Bibliografía

IGRH: 0192

Otras versiones de "La Virgen romera"

Álvarez Cárcamo (2019: 18.1); Díaz (2007: B.10); Manzano Alonso (2003: p. 392); Marazuela Albornos (1981: n.º 164); Pérez Rivera (2015: n.º 277); Pimentel García (2020: n.º 319); Piñero Ramírez y Atero Burgos (1987: n.º 80); Schubarth y Santamarina (1987: n.º 15); Valenciano López de Andújar (1994: n.º 83).

Ver referencias completas en Fuentes citadas abreviadamente.

Transcripción

Por el camino Trujillo     vi pasar a una romera
toda llenita de rosas,     toda llena de azucenas.
A los tres pasos que anduvo,     el rey se encontró con ella:
—Buenos días, romerita,     tan sola por estas tierras.
—No vengo sola, mi rey,     que mi marido ahí’trás queda,
hablando con un serrano     en lo alto de esa peña.
—¿Te quieres venir conmigo?     Te llevaré en mi calesa.
—Dios se lo pague al buen rey;     estimo de su fineza—.
Ya se ha marchado el buen rey,     ya se ha sentado a la mesa,
ya se pone a comer,     ¡maldita comida prueba!
Ya se pone a beber,     ¡maldita gota que beba!
—¡Alto, alto, los mis pajes!     En busca de la romera.
Ni por oro ni por plata,     no os vengáis en sin ella—.
Ya se ha marchado el buen paje     en busca de la romera.
Estaba en la sombra un árbol     bordando paños de seda.
Según se le acaba el hilo,     de sus cabellos enhebra,
que va poca diferencia     de su cabello a la seda.
—¡Alto, alto, romerita!     ¡Alto, alto, mi romera!
De parte de mi buen rey,     que le sirváis a la mesa.
—Dígale vos al buen rey     que se sirva de la reina;
si él es rey de sus vasallos,     yo soy de cielos y tierra.

Resumen de "La virgen romera"

La Virgen sale a peregrinar. En mitad del camino, se encuentra con el rey, que le pregunta hacia dónde se dirige sola; ella le responde que su marido ha quedado atrás hablando con unos serranos. El rey queda prendado de su belleza y le pide que se suba en su calesa, pero ella declina su proposición asegurando que tiene que llegar a Santiago, pues tiene que cumplir una promesa que hicieron sus padres para curarla de una grave enfermedad cuando era niña. El rey vuelve a su castillo, pero no puede probar bocado pensando en la romera. Le pide a sus pajes que salgan a buscarla. En algunas versiones, el paje más joven le aconseja que le escriba una esquela o le pide las señas de la romera. La encuentran sentada o recostada al pie de un árbol, durmiendo o bordando con los hilos de su cabello. En algunas versiones, el paje le entrega una esquela escrita por el rey, pero ella asegura que no sabe leer porque se quedó huérfana muy pequeña. El paje le pide que la acompañe al castillo para servir a su amo, pero ella se niega arguyendo que si él es rey de sus vasallos, ella es reina del cielo y de la tierra. En algunas versiones, María le revela al paje su verdadera identidad y le asegura que tiene reservado un puesto en la gloria; en otras, el grupo de pajes enviado por el rey, al conocer la identidad de la peregrina, se postran a adorarla y, cuando vuelven al castillo, le cuentan lo sucedido al rey, quien se lamenta de no haberlo sabido antes para adorarla también o muere del disgusto.