Aparición de la Virgen tras una avería del coche

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Transcripción

A mí sí que me ha hecho milagros. Mira, una vez fuimos a las fiestas del pueblo. Bueno, pues empezaron que ya, cuando se terminó, que viniéramos por la no- | de noche a Madrid. Yo decía: Esperaros a por la mañana, que vemos mejor. Pero mi marido por la mañana tenía que madrugar mucho para ir a la tienda, porque teníamos una tienda y tenía que ir a abrir. Bueno, pues al final fuimos por la noche. Vamos por la noche, llegamos a Somosierra | no llegamos a Somosierra a subir la cuesta y el coche hizo “plan”. Y allí se quedó el coche. Plantao que ni pa arriba, ni pa abajo, ni a nada. Y yo, mi niñita, que era entonces Alita chiquitina, la tenía así cogida, y ella tumbada así, cogida aquí. Fernando | Éramos los que íbamos, tú no venías entonces. Fernando iba | mi hijo al lado de mi marido. Y dice: Pues nos quedamos aquí, porque el coche se ha roto el, el acelerador y no sube las cuestas, imposible. ¡Ay, Virgencita, por favor, por favor, que nos ayude, que nos ayude!. Chica, y de repente, yo vi una persona, una mujer, con un escote de [¿boba?] de esa en azul y, por el a- | por el cristal. Y me miró a mí, yo la miré a ella y desapareció. Desapareció. Entonces yo, corriendo, abro la ventanilla y digo: ¡Fernando, Fernando, dile a esa señorita que nos ayude!. Dice: Mamá, ¿qué señorita? ¡Si aquí no ha venido nadie! ¡Bueno, mira cómo está todo!. A ver, estaba una noche de perros, estaba como nevando, un frío de, de miedo. Y esa señorita yo la vi pero bien, bien, bien. Oye, pues ella me vio a mi, yo la vi a ella y cogió ella y se, se puso al lado de mi hijo y miró a ver lo que estaban haciendo. Que luego ya, cuando yo estaba quietecita, a ver si les decía algo, pero no, claro, ella miró y desapareció. Y es cuando yo digo: Fernando, Fernando, dile a esa señorita. Dice: Mamá, ¡que aquí no hay ninguna señorita!. Digo: ¡Si ha estado a tu lado! Ha estado mirándote. Pues no sé que la diría la señorita, que mi hijo | No. Mi marido dice: Fernando, ves al mal-, al maletero, que tenemos una cuerda. La vamos a atar así, la vamos a meter por aquí y cuando yo | eso, el acelerador, cuando yo te diga que tires de la cuerda, tiras—. Oye, pues que, que, que llegamos a Madrid tirando de la cuerda. De verdad. Es que fue como un milagro, ¡hombre, por favor! Fue muy | Papá no sabía na de na. Ya sabes que ¡bueno! De, de saber de mecánica nada. Y ya cuando dijo el coche que “plan”, digo: —¡Uh, qué plan! Aquí nos hemos quedao—. Oye, pues el coche, tirando de eso, iba subiendo despacio, despacio, despacio y subía toas las cuestas. Y llegamos a Madrid tan divinamente.