La Muerte Madrina [ATU 332]

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Notas

La informante lo llama “La Muerte por Madrina” e indica que lo aprendió de un libro de trece cuentos cuando era pequeña.

Transcripción

Este es un cuento de un matrimonio que tienen seis hijos, y ella se queda embarazada otra vez, siete hijos. Son muy pobres, no tienen para mantenerles. Entonces ya, que ella dice:

¿Ahora qué vamos a hacer? Ya no tenemos ni padrinos a quien llamar para bautizar al niño.

Dice: Me voy a ir por los caminos, a ver si encuentro alguien que me | que pueda venir para ser el padrino o la madrina.

Y va caminando y se encuentra con el demonio. Sale el demonio, dice:

He oído que estás buscando padrino para tu hijo. Si quieres, yo puedo ser o yo te puedo dar todo el dinero que quieras.

Y él se queda pensativo y dice: Sí, me darás todo el dinero que quieras, pero tú, ¿a cambio de qué? A cambio de mi hijo, ¿no?

Dice: —Sí, claro, yo me llevo el alma de tu hijo, pero tú tienes el dinero que te dé la gana.

Dice: —No, no, no, a ti no te quiero.

Va caminando, caminando y se encuentra con Dios. Y le dice:

—Tú eres el, el que estás buscando padrino para tu hijo, ¿quieres que sea yo?

Se queda pensándolo y dice:

—Pues creo que no, porque tú, si es bueno, le, le, le favorecerás y le ayudarás, pero si es malo, le mandarás al infierno. Y eso ya es…, a ver, entre la espada o la pared. No, no quiero que seas mi padrino.

¡Ah! Sigue caminando y ve a la muerte con la guadaña, que viene y le dice:

—Oye, si quieres puedo ser yo la madrina. Yo hago igual a unos que a otros. Cuando les llega la hora, me los llevo y no hay más.

Dice: —Pues sí, me parece justo. Pues serás la madrina de mi hijo.

Entonces, ella se pone tan guapa, bautizan al niño y el niño, pues nada, va creciendo, va creciendo y no…, y no pasa nada hasta que el niño es mayor de edad. Un día que estaba el niño, mayor de edad, en su huerta, cava- | haciendo limpieza de las plantas, pues se le aparece la madrina. Dice: 

—¿Me conoces?

Y él dice: —Sí, creo que tú eres mi madrina, porque me han dicho que es la muerte la que es mi madrina y, si tú llevas la guadaña, eres la muerte, ¿no?

Dice: —Sí, soy tu madrina y, como no te he hecho ningún regalo, si quieres, te voy a hacer un regalito.

Dice: —Pues a ver qué regalito es.

Coge, coge una planta de allí del huerto y le dice:

—Toma, con esta planta te harás famoso. Tú vas a decir que eres el médico que cura to las enfermedades. Tú, cuando veas a un enfermo, le das a oler la planta y en el acto se pone bueno.

Bueno, pues así lo hace. Coge la planta, se va a casa y empieza a decir eso. Le mandan ahí | de un sitio, de otro, dice:

—¡Uy, es un médico extraordinario! A todos les cura. Y los que no tienen cura, dice, esos les dice que no tienen cura y es verdad y se mueren.

Porque le dice también la, la madrina:

—Tú curarás con ellos | con la planta, pero, si me ves a los pies de ellos, que estoy yo, esos les dices que no tienen salvación.

Claro, pues así lo va haciendo siempre. Dice:

—Es buenísimo, él sabe si se curan o no se curan.

Dice: —Es extraordinario.

Bueno, pues ya se pone malo el rey y mandan llamar a, claro, al médico famoso. Llega el médico famoso y, cuando llega a donde está el rey, pues ve la, la madrina, que está a los pies de, del rey. Entonces, él se queda pensativo. Jo, le ha dicho el rey que, si le cura, que le da un palacio para vivir. Y criados y de todo. Que no le va a faltar de nada.

—Jo, ¿y qué hago? ¿Qué no hago? ¡Bah, por una vez me perdonará! Le voy a, le voy a curar.

Pues coge y le cura. Claro, le da otra planta y el rey se cura. Pues le da el palacio, le da todo y, en esto que al poco tiempo cae mala la hija del rey. Cae mala y lo mismo. Le mandan ir a él, claro, le ha curao a su padre, pues que cure a la princesa. Va y la ve tan guapa, la princesa y dice | La ve a la, a la bruja, que está en los pies ahí, y dice:

—¡Ay, qué lástima! ¿Y qué hago? No, bueno…

¡Ah! Luego, cuando | eso se me ha olvidao, claro, que cuando ya cura al rey, un día que está solo, se le aparece la madrina y le dice:

—¿Por qué me has desobedecido? Sabes que te he dicho que te voy a castigar.

—¡Ay, por favor, no me lo haga! Ya no lo volveré a hacer nunca más, no lo vol…

—Bueno, esta vez te lo perdono, pero a la siguiente, no te lo voy a perdonar.

bueno, pues se acuerda de esas palabras que le dijo la madrina y ve a la princesa tan guapa, ¿y cómo no la va a curar? 

—¡Ah! Pues me terminará | terminará también perdonándome.

Coge, la da a oler la plantita, la princesa se cura y el pr- | y el rey, como ha mandado que preparen los preparativos de la boda, se prepara la boda y se casa | Se iba a casar al día siguiente con la, con la princesa, cuando se le aparece la, la madrina y le dice:

—¿Por qué me has desobedecido? Te dije que a la segunda te iba a castigar.

Dice: —Sí, pero es que la princesa... Yo tengo mucha gana de, de casarme con ella, por favor, por favor.

Se pone de rodillas: —Déjame vivir con ella.

Dice: —No, no te puedo perdonar.

—¡Ay, que sí, que sí, aunque no sea más que un mes, una semana, un solo día! ¡Déjame un solo día vivir con la princesa!

Dice: —Bueno, escucha, mira, ven conmigo.

Le lleva a una habitación y allí hay muchas velas encendidas. Unas altas, otras me- | y otras chiquitinas, y otras que se están apagando. Dice:

—¿Y esto qué es, madrina, todas estas velas?

Dice: —Estas velas son las vidas de los humanos. Aquí están los niños, que tienen mucha vida. Los otros, que tienen menos. Y los otros, los que se van a morir ya. Estas que están | estas florecitas que se van muriendo son los que se van muriendo.

Y la dice: —¿Y mi velita cuál es?

Dice: —¿Tu velita? Es ese cabito de ahí, que se está muriendo.

—¡Ay, por favor, por favor! ¡No me hagas eso! Mira, coge ese ca- | esa velita que se ha apagado, que es grande, y la metes en esta pequeña —dice—, y así me, me puedo, me puedes salvar a mí.

—Bueno, te voy a hacer caso.

Coge la velita, se la deja caer y, cuando se la deja caer la velita, él se cae redondo muerto. Queda | Este cuento es un poco triste, porque se queda con las ganas él de la princesa y de todo.