El cura cojo y la joven pecadora

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Referencia catalográfica: 1108n

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Transcripción

Había un cura viejillo, cojo, el pobre estaba que subía al altar de mala manera. El pobre no podía. Este nos lo contó un cura en una excursión que hicimos. Y resulta que vino, vino una chica joven a confesarse. Y entra, vamos, él está en el confesionario y le dice:

A ver, hija, dime tus pecados.

Dice: ¡Ay, padre! No, no puedo. No puedo, no puedo, porque tengo un pecado tan gordo, tan gordo, que no me atrevo a pedi- | a, a confesarle.

¡Ay, hija, si tú sabes que Dios lo perdona todo! Tú no te preocupes, que Dios está aquí y tú dímelo. 

¡Ay, no! Que no, que no, que no puedo, que no puedo. A lo mejor, si vamos al altar, a lo mejor allí puedo decirlo.

Bueno, pues dice el cura: Bueno, bien sea por ti.

Va cojeando, cojeando el pobre cura al altar. Llega al altar, dice:

¡Hala! A ver, ¿qué pecado es ese que tienes?

¡Ay, es que me da tanta vergüenza! Es que es tan malo, tan malo, que no puedo, que no puedo. De verdad, que no puedo contárselo.

Dice: Pues entonces, ¿qué vamos a hacer? Pues yo creo que, a lo mejor, si sube usted al coro, a lo mejor me viene la inspiración.

El cura dice: Pero hija, mira, si yo estoy todo cojo que no puedo.

Yo le ayudo, padre, yo le ayudo.

¡Hala! Cogió el cura a subir arriba del todo. Llega arriba, dice:

A ver, hija, a ver, dime ese pecado tan gordo que tienes.

¡Ay! Pues que es que no, no, no puedo, de verdad que no, no puedo, no puedo más.

Entonces, ¿qué vamos a hacer?

Dice: Pues no, no, ya no podemos subir a ningún sitio.

Dice: Sí, podemos subir al campanario.

Dice: ¡Ay, al campanario! Hija mía, ¿pero no ves cómo estoy yo, que yo no puedo subir?

—Que sí, padre, desde allí, como estamos en lo alto, ya, ya allí sí que me | se lo voy a contar el | lo que tengo. Es que es muy grave, muy grave.

Bueno, pues van y malamente le llevan a medio arrastras al pobrecillo al campanario.

Cuando llegan al campanario, le dan ganas de tirarla por el campanario. Y dice:

A ver, ese pecado, ¿me lo dices o no?

Dice: Bueno, se lo voy a decir, pero es que, es que es un pecado mu gordo, mu gordo.

¡Pero bueno! ¿Qué pecado tan gordo puede ser?

Dice: Es que ayer discutí con mi novio y ¿sabe lo que me dijo? Que era una imbécil. Y yo, ¿sabe lo que le contesté? ¡Pues anda que tú!

Y el cura: —¡Pues anda que yo!

Claro, sube pa arriba, la sube pa abajo pa decirle esa tontería. ¡Hombre, por favor, es que...!