Las aventuras de un granjero

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Notas

La informante lo titula “Las aventuras de un granjero” e indica que lo ha inventado ella.

Transcripción

Las aventuras de un granjero. Esto es un, una pareja que se casan y tienen mucha ilusión en montar una granja. Montan una granja y llevan a todos los animales que | Ellos son muy felices, porque lo que querían era eso. Son muy católicos y los domingos, con su carreta, pues cogen y se van a misa, vienen de misa y..., y tan contentos que vivían. Tan contentos, que ella se queda embarazada y nace un niño. Y el niño nace como un rollo. Se la cría | se les cría como | entre los animalitos se cría el niño como, como de maravilla. Bueno, pues el niño va siendo mayor. Y un día, cuando tiene quince años | Bueno, cuando toma la comunión | ellos son muy católicos, como te digo. Entonces, le regalan una medallita con la Virgen. Y le dicen:

Mira, hijo, si alguna vez estás en peligro, tú la rezas tos los días a la Virgen y ella te sacará de, del apuro.

Y le regalan una bicicleta. Una bici pues para que vaya él y venga y no tengan que llevarle ellos y volver a por él, porque el pueblo donde ellos viven, pues dista unos diez kilómetros y, claro, es, es un problema. Entonces | y llega cuando ya tiene | toma la comunión. Toma la comunión, eso, y le regalan la Virgen y le regalan la bicicleta. Y él, tan contento y tan feliz. Ellos, también. Y cuando ya llega que tiene quince años, pues un día viene y dice:

Mamá, que me han dicho los amigos que se van a ir ocho días a la playa. 

Dice: Y me han invitado y yo quería ir con ellos.

Dice: ¡Uy, hijo! No, no puede ser. A ver, ¿quién va a sacar las ovejas? Nosotros, tu padre y yo, con los ganaos ya tenemos bastante y no pode- | no te | no puedes irte.

¡Jolin, siempre tengo que estar con las ovejas! Pues cogéis una persona mientras yo voy esos ocho días.

Dice: Siempre estoy aquí.

Bueno, refunfuñando.

Que no, hijo, que no. Mira, vamos a hacer una cosa. Para el año que viene, vendemos los corderitos y, con lo que nos den de los corderitos, cogemos una persona para que te haga, haga el trabajo que tú estás haciendo. 

No, sí, al año que viene, al año que viene mis amigos no van, y pitos y flautas. 

Que no, que no, anda, cena, termina de cenar y déjame en paz.

Coge, tira la cena y dice:

No quiero cenar, ni quiero nada.

Y se marcha a dormir a la cama. Se va a la cama a dormir y está dando vueltas:

¡Ay, madre! ¿Y qué hago, qué hago, qué no hago? Siempre tengo que obedecerles y por que les desobedezca una vez, no pasa nada. Pues ahora cuando se duerman, me cojo y me voy.

Así lo hizo. Cuando se duermen, coge, se prepara un bocadillo y se coge un bastoncito y se, y se cierra la puerta despacito pa que no le oigan y se marcha. Y está una noche malísima. Está relampagueando y, cuando empieza como a llover, dice: 

¡Buh! No me imaginaba yo —dice—. Ahora que no traigo nada para resguardarme.

Dice | Se acuerda de cuando iba con las ovejas, que había una gruta, una, una cueva por allí. Entonces, echa a correr, a correr, a correr y llega a la cueva. Llega a la cueva y allí se, se queda resguardado. Dice | Na más que llegar empieza a llover a | pero a cántaros. Dice:

¡Ay de la que me he librao, madre mía! Y ya no voy a llegar a tiempo para ir con mis amigos, que me han dicho que si | que me esperaban hasta que viniera el tren, claro. Si pasa, pues, a mí | no estoy, pues no me | no puedo, no puedo acompañarles.

Y cuando está así mirando, ve unas lucecitas aquí, otras lucecitas, otras lucecitas y dice: 

¡Ay!

Sabe lo que son esas lucecitas. Son los ojos de los lobos, que brillan por la noche.

 —¡Ay, son los lobos y van a venir aquí y me van a comer! ¿Y qué hago? ¿Y qué no hago?

Ya se acuerda de la virgencita, la coge y la, la dice: 

¡Ay, Virgencita, que no me coman los lobos! Por favor, que no me coman los lobos.

Entonces, piensa. Dice:

Me voy a ir metiendo por esta cueva, a ver, que nunca me he llegado hasta el final, a ver —Dice Seguro que hay otra salida.

Se mete por la cueva, se mete, se mete y llega y tapao todo. Allí no hay salida por ningún lao. Y los lobos están en la puerta de la, de la gruta ya para entrar. Entonces, él está tan asustado, se echa la mano a la cabeza: 

¡Ay, que me van a comer aquí! ¡Ay, que me van a comer!

Y cuando echa las manos a la cabeza, da en el techo y nota que se m-, que se mueve una piedra. Entonces, él, corriendo, corriendo, corre la piedra, tira la mochila, tira todo y se, y se cuela para allá. En eso, llegan los lobos, claro. Llegan los lobos, le desarman la mochila, se comen su bocadillo y él, viendo cómo se lo comían. Y él arriba:

¡Ay! ¿Y ahora qué hago? Pues no me queda más remedio que, que tengo que dormir aquí. A ver, mis padres ahora, como les he dicho que me voy a ir, si hablan con los | con mis amigos y no estoy, se van a preocupar, pero no puedo hacer nada. Pues nada, me voy a tumbar a dormir, a ver. Es de noche y qué voy a hacer.

Se tumba y nota que algo se mueve detrás | debajo de él:

¡Ay, madre mía!

Toca así, está suave, suave y mira así y dice:

¡Ay! ¿Qué será esto? ¡Si tuviera la linterna! Como me lo he dejao caer, no tengo linterna ni nada. Si tuviera la linterna veía lo que, lo que hay aquí debajo de mí. Es un animal, ¿pero qué animal será? Está aletargado y no, no hace nada.

Bueno, pues ya se acuerda, pues eso, que él siempre en el bolsillo, cuando va con las ovejas, lleva una caja de cerillas para, cuando hace frío, hacer una hoguera y calentarse. Echa la mano al bolsillo, abajo, que es su bolsillo largo, y ahí está la caja de cerillas. La coge, enciende una cerilla y ve que está sentado encima de una serpiente. De una serpiente de estas malas, malas. ¡Madre mía!: 

—¡Ay, ay, ay! ¿y qué puedo hacer aquí? Si me quedo, la serpiente me va a picar y aquí me muero y, si bajo, me comen los lobos y me muero. De todas maneras, tengo la muerte | Pues me voy a ir a ver si hay otra salida por aquí.

Va a rastras, a rastras, a rastras, despacio y ve que hay un, un hueco por donde ha entrado la serpiente, claro. Pero que es | la serpiente sí que ha entrado por ese hueco, pero él no puede salir, porque es muy pequeño. Entonces, se pone a arañar, a arañar, a arañar y hace el hueco más grande. Y poco a poco, va arañando, va arañando y se va metiendo, y se va metiendo y dice:

—Por aquí, como entró la serpiente, podré salir yo. Bueno, pues venga.

Pero de tanto arañar, se empiezan los dedos a desgastarse, las rodillas se les rompe el pantalón, está hecho una pena, de que se ve la sangre en las manos, se desmaya. Se desmaya y no sabe el tiempo que ha estao desmayado. La cosa que, cuando se despierta y ve que hay un poco claridad, dice:

—¡Ah! Pues esto- | si hay claridad, es que estoy cerca de la salida.

Ya, con más ánimos, coge otra vez a arañar, se rompe la camisa, se venda las manos y empieza a arañar, a arañar, a arañar y llega hasta, hasta el final. Y cuando sale y ve la luz, no ve. Claro, no ve. Pero sí que nota que unos brazos fuertes le cogen y ¡pumba! Y le tiran a una piscina. Allí se dese- | se desenvuelve divinamente. ¡Ay, madre! Mira, mira, son unos monos. Está rodeado de monos. ¡Madre mía de mi vida! Bueno, pues, pues él está tan a gusto en la piscina, claro. Pero los monos, cuando ya creen que tienen que sacarle, le cogen otra vez y se le llevan. Se le llevan y le meten en una habitación, le limpian, le lavan, le arreglan y le ponen guapísimo. Y dice: 

—Bueno, pero, pero, ¿y esto? ¿Por qué me ponen tan guapo? ¿Dónde voy a ir? ¡Parece que voy de boda!

Pues nada, salen los monos con él, van con el camino, cuando ven de frente que viene una, una mona vestida de novia. 

—¡Ay, mi madre, me casan con la mona! El mono preparao pa casarme con la mona. Encima, me hace llegar…

Viene la mona tan contenta, le da un par de besos, él se limpia, porque le da asco de la mona y se agarra a su brazo. Y no la puede decir que no, porque los otros monos están de vigilantes a ver lo que hace. Bueno, pues nada, llegan a un, a una habitación y ve que sale uno vestido con un gabán de | Bueno, un cura. Que es la misa. A ver, ¡pues hala! Allí les casan. Le ponen un anillo, ¡madre del amor hermoso! Él no quería nada, pero tiene que acarrear. Lo que le hag- | lo que le digan. No puede hacer otra cosa. Así que salen y dice: 

—¿Y ahora adónde me llevarán?

Bueno, pues van, dan la vuelta a la esquina y entran en un bar. En un restaurante. ¡Ay, con el hambre que él tiene! ¡Qué ganas tenía de comer algo! Se sientan en la mesa y allí hay de todo. Eso es un manjar. Allí hay pollo, allí hay cordero, allí hay frutas. Bueno, de todo, de todo. Así que se pone morao. Y luego, había un vinillo clarito de estos, que bebió y bebió y se puso de alegre, que ¡ala! A bailar. Suena la música, a bailar con monas, a bailar con monos, a bailar con todos. Con todos. Cuando se termina el baile, ¡hala! A casa:

—¿Y ahora dónde vamos? ¿Y ahora qué hacemos?

Pues nada, la mona no se le despega. To el tiempo pegadita a él. Llegan, y llegan a donde está la mona, claro. Donde vive ella. Le llevan allí y le dejan a él solo. Dice: 

—Bueno, se ha ido la mona, pero y yo, ¿cuándo puedo escaparme? Si están los monos cada uno en una ventana, están vigilando. Si no me puedo ir de aquí. ¡Ay! ¿Me tengo que acostar con la mona? ¡Por Dios bendito!

Cuando viene la mona con un picardías que se había puesto, liándosela tos los pelos, dice: 

—Si era fea vestida, es mucho más fea desnuda.

Toda llena de pelos, la mona. Con que ya se acerca a él, él está tumbado, y que la mona iba a darle | a coger y darle un abrazo y la dice: 

—¡Te ahogo, te ahogo y te ahogo!

Y de repente, oye la voz de su madre, que le dice:

—¡Luis, Luis!

Y dice: —¡Mi madre!

La mira, dice: —¿Pero tú qué haces aquí?

Dice: —¿Cómo que qué hago aquí? ¡Si nos has dado una noche de perros! ¡Si llevas durmien- | todo el tiempo soñando! No sé lo que has estado…

Dice: —Que ya pensábamos llamar al médico.

Dice: —¡Ah! Entonces, ¿estoy en mi cama?

Dice: —¡Pues claro que estás en tu cama!

Había sido todo un sueño. Entonces, él tan contento, se abraza a su madre y le dice la madre: 

—Bueno, mira, que hemos pensado que los ahorrillos que tenemos, que te puedes ir si quieres con tus amigos y ya nos arreglaremos nosotros.

Dice: —No, mamá, ya no quiero irme a ningún sitio, quiero estar con vosotros. 

Y se queda abrazado a su mamá, tan felices y tan contentos.