La historia de Gabino

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Hace cincuenta y tantos años, ya murió. Hace cincuenta y tantos años conocí a un señor que se llamaba Albino, Gabino. No, no, no, no, Albino no, Gabino. Ellos eran hombres de acá de la sierra, partes ahí de Rancho en medio. Se los trajeron porque eran hombres de… que sabían usar la hacha, usar, usar la hacha. Y un hombre muy trabajador. En ese entonces, yo creo que no se casaba, y si ya se había casao, tenía sus hijos muy pequeñitos, y ese no se iba pa Dolores Hidalgo porque Dolores Hidalgo, el municipio, era muy pobre. Se venía hasta Guanajuato para acá. Él no contaba más que con unos burritos.

Este lo contrataron para tumbar un local frente a la planta alta, un local grandísimo, onde toas las esas gentes que taban allí eran | trabajaban para la planta. En ese entonces el municipio puso la mitad y, y la planta puso la mitad para, para tumbar ese árbol que taba en peligro que se fuera sobre toda la gente allí, o por onde cayeron un árbol gruesísimo y grandísimo, y además ya estaba hasta muriéndose. Entonces, allí vino, allí vino Gabino, allí conocí yo a Gabino. La planta facilitó todo, las sierras, escaleras, una…, pues todo, una pluma para, pa subirse a to lo, a to lo que se podía, y el que manejó todo aquello no fue precisamente ellos. Dice uno que rancheros no son tontos, saben trabajar la hacha, saben trabajar el machete, todo. Pero con la técnica que tenía un ingeniero, que era | se llamaba Oscar, era ingeniero de división, trabajaba en la planta y él fue el que se encargó de cómo tenían que amarrarlos a la, las ramas tan grandísimas y tan gruesas, cómo amarrarlas con puros cables, amarrarlas y todo, y si usaban una grúa, de las mismas que tienen ellos allí, un, un, un camión grande, una grúa, cuando ya lo amarraban y todo y lo mochaban entonces ahí para bajarlo, lo iban bajando al pasito, lo iban bajando al pasito, al pasito y así duraron meses hasta que lo desraizaron el árbol. Y allí conocí yo a Gabino, onde nos platicaba tos los secretos que existían en la sierra.

Como él decía, y es cierto, que donde pasaron los misioneros, todos esos lugares estaban benditos, el demonio no pasaba por allí, pero onde no pasaron los misioneros, porque los misioneros en aquellos entonces pusieron muchas cruces en los árboles, en los cerros altos, pero no en todos. Entonces, él tenía ya parece, entonces él tenía una familia muy des-, desavenida, muy, muy desobediente. Sus niños ya estaban creciendo y todos hacían lo que les daba su gana los canijos muchachos, ¿me entiendes? Y ya de allí… ¿En qué parte de la sierra no hay, no hay mezcal? Se iban de allí, si iban hasta la salida de, de allí Rancho en medio, sería hasta La Luz, por allá con amigos a tomar mezcal y a veces se les hacía noche pa regresar era lo, lo, la cosa. El hombre era un hombre trabajador, se venía aquí y una vez por semana, aquí trabajaba él en Guanajuato, conoció Yerbabuena, porque iba al taller de Yerbabuena a cargar tabique, a ta-, a cargar, a cargar tabique a los callejones para el día sábado, que cobraba y les llevaba provisión a toda su familia, pero ¿qué tal los hijos? Los hijos todos se, se, se | los dos más de ellos estaban todos echados a perder. Lucas, un trabajador de José Vallejo, Lucas me dice que una vez se fue a echar, a echar vino con sus amigos, se le hizo noche y se perdió del camino entre la sierra, se perdió del camino, pero él vio una luz, dice, vio una luz y dijo: “Ua, ahí viene mi papá a buscarme ya”, dijo. A la vez le dio miedo, tenía temor porque decía que le iba a pegar y a la vez se sentía protegido. Dijo no, dijo: “Ya con menos, ya mi papá viene por mí, me va a pegar, pero de todas maneras me, me va a llevar por el camino”. Dicen que esa luz lo bajó, no sabe ni cómo, pero o bajó entre un arroyo, peligrosísimo, lo bajó hasta abajo con engaños, que hasta le aluzaba así como si fuera una luz, una luz que lo insistía y se bajó hasta abajo. Y tantas caídas, trompezones, espinadas que se iba dando él fue cuando se dio cuenta que aquello no era cosa buena. Dijo “no”, dijo “esto no es cosa buena”, dijo “este arroyo está difícil pa caminar y yo me ta bien que voy tomado, pero me voy a | cayendo dondequiera”, dijo. “Y la luz camina con tanta facilidad”. Fue cuando él reflexionó y le gritaba a su papá: “Papá, perdóname”, le dijo, “papá, perdóname y Diosito, perdóname”, dijo, “que le falté a mi papá”. Po solo, solamente de ese modo, encomendándose a Dios, dice que pudo salir de ese arroyo. Un arroyo entre la sierra, dice, pero horrible, dijo “pude salir hasta afuera”. “Salí hasta afuera”, dijo, “fui todavía perdido, que no encontraba el camino, y siguí caminando pero ya por arriba”. Y la luz le insistía que se bajara para abajo, y él no, caminando por la parte de arriba. Tanto caminar, hasta que por fin logró, logró, logró, reco- | reconocer el camino. Dijo: “Este es el camino que me lleva a mi casa”. Ya llegando hasta su casa sí estaba su padre allí, pero un hombre muy bueno. Ya llegó y le tocó, po armó que le abriera, porque decía que tenía un portón, un portón en, en su casa, un portón bastante gruesísimo y no era ni de encino, dicen que era de puro mezquite. Porque diz que así se usaban allá los portones, porque había quienes iban en la noche y balanceaban las puertas y perjudicaban a la gente adentro, no es que unos portones de mezquite bastante gruesísimos. Y dice que este tocó la puerta, y dijo:

—Soy yo, papá—.

Salió el papá y lo | ya lo metió pa dentro y dice que conforme entró pa dentro, como si le hubiera dao un mareo, cayó redondito y que le dijo el papá: —Vienes tomado, ¿verdad, hijo?

—Lo primero que te digo, que no. —Y sin decir más palabras, el único que se concretaba decirle a su papá: —Perdóneme, papá —y— perdóneme, papá —y—perdóneme, papá. Sí me fui a tomar —dijo—, pero perdóneme—. Y ya le fue, le fue platicando to lo | la, lo que había pasado. Le decía lo que había pasao en el arroyo. Dijo: —Mire, esa luz me salió y me perseguía —dijo— y me, me obligaba a que me bajara pa abajo, papá. Y todo por desobedecerlo—.

Y el papá dijo: —Mire, hijo, no te voy a pegar —dijo—, pero obedézcanme. —Dijo— toda la sierra, parte de la sierra, existe el demonio —dice— porque no entraron los misioneros por todos rumbos. Por donde entraron los misioneros —dijo— está protegido, pero donde no entraron los misioneros —dijo—, to los arroyos —dijo—, el demonio ta apoderao de ellos.

—No, pos que sí, papá—.

A él, como que se atrancó un poquito por el miedo, pero el hermano, dicen que tenía una ventana chiquita por la parte de adentro. Porque diz que tenían un corral bien cercado con espinas, onde metían sus burros y decían que en la noche, pues ya fue el coyote o el lobo bajaba a veces también a hacer madres, pero no entraba porque tenía bien cercado. Tenían bien cercado pa que no se pudieran meter los animales, dicen. Entonces, que tenían una ventanita chiquita, que para asomarse para ver, para fuera ver quién era o de qué se trataba, por dentro ponían un banco para asomarse, no más cabía la cabeza, la pura cabeza se salía para fuera. Era una ventana chiquitita, porque no abrían el portón. Solamente una gente que conocían. Entonces, ¿y cuál sería su sorpresa? Para su papá, para su mamá y para él también. Y esta platica es parecida a la que te de- | platico yo de doña Filomena, que el demonio la quería sacar por una claraboya de una olla, de una olla del agua como una clara- | como si fuera un ojo de buey, que por ahí la tenía colgada la, la señora de las greñas que la quería sacar por allí. Pues dice que al hermano, les costó un trabajo enorme, al hermano les costó un trabajo enorme sacarlo, bajarlo de allí porque se le colgaba la mamá, se le colgaba el papá al, al hijo. Porque lo tenía el demonio pepenao de las greñas por aquella ventanita que no, no se lo pudo llevar porque no ca-, porque no, porque no cupo. Pero se dicen que este muchacho, se dicen que este hermano de, de Lucas, po había hecho un trato con él, que si le consiguió una muchacha, una muchacha que le gustaba mucho, que él hacía lo que se pudiera, que él hacía lo que se pudiera con aquel personaje, ¿me entiendes? Ese personaje que es el maligno, ese. Pues dicen que cuando no le cumplió, cuando no le cumplió los | la promesa, dice que lo quería sacar por la ventanita. Y que se le colgaban y que “no”, y que “en el nombre de Dios” y que “suéltelo” y que “suéltelo”. Alguien dice, y parece que el mismo Lucas, que miraba las manos con unas uñotas y que se le miraban unos pelotes como de las manos pelu-, peluas y unas uñotas que no quería soltarlo de las greñas, que al final de cuenta lo soltó. Lo soltó y fue cuando ya pensó el señor diferente.

Su padre de ellos, pensó diferente para tratar de proteger a su familia, para tratar de proteger a su familia. Como él ya conocía el terreno por acá, y siempre los dejaba solos por allá, dicen que este se, se consiguió, se consiguió una casita aquí en el Santa Tere-, aquí en este, en Yerbabuena, como seguido venía a cargar la… tabique y a descargar los callejones, que consiguió una casita de ahí de Santa Teresa, en Yerbabuena, con su cocinita y todo. Y se trajo a toda su familia. Y su casa de la dejó un pariente allá, pa que la usara si quería. Porque él, claro, veía que su familia taba en peligro, taba en peligro. Pero no era precisamente la… digamos la casa, sino era la familia la que andaba descarriada, la que andaba descarriada. No toa la jo-, no toa la familia le, le, le pasaba eso, porque según le platicaban que cómo le iba en la casa, que de los ruidos… dijo: “Aquí no se oye ningún ruido”. Porque la gente era buena. Eran los hijos. Entonces trajo a toda la familia para acá y acá, y acá, y acá en Yerbabuena empeoró todo. Dicen que él se salía a trabajar, el hombre, don Gabino se salía a trabajar y cuando ya llegaba la, la, la hora de la tarde, a comer, apenas la mujer que apenas había alcanzado a echar las tortillas y los frijoles apenas tenían, apenas estaban, estaban cocidos, y ves hasta sin sal y a veces todavía estaban crudos y la señora estaba tirada por allá bien borracha y Lucas por otro lao. Lo primerito que hacían en la mañana, cuando él se venía, se ponían, se ponían, se ponían su olla de canela, se ponían su ollota de canela y, y, y, y se tragaban un | pos diario se estaban tragando un litro de alcohol. Se echaban que pos pa calentar el cuerpo él y su mamá. Él y su mamá, porque uno de sus, uno, el otro hermano dicen que se fue a los Estados Unidos, pero él y su mamá, uno tirao por onde llegaba don Gabino. Llegaba don Gabino y decía: “¿Pero cómo puede ser mi mujer tirada por allá y antes no se quemó, y mi hijo tirao por acá?”.

Sino hasta cuando ya fue creciendo Lucas, y que ya andaba por ahí de novio, y sin meterle golpes de nada, por si le regañaba, le decía:

—Mira, Lucas, ¿a ti te gustaría que tu familia, cuando Dios te de familia —dijo— verte así tirao como tú, como tú y tu madre ahí tiraos así de borrachos?

—No —decía—, a mí no me gustaría que hijo fuera borracho, ni mucho menos mi, mi, mi esposa—.

Dice: —Pues mira lo que haces tú con tu madre —dijo— mira, —dijo también— todos tiraos borrachos ahí—.

La señora murió de cirrosis. Él se alcanzó a salvar, porque precisamente empezó a nacer, a sa-, a salir la familia, los hijos, Y el papá se encargó de decirles:

—A ver, hijo, ¿piensas seguir bebiendo pa que tus hijos te vean tomando? ¿Ese es el ejemplo que les das?—.

Decía: —No, yo no quiero, yo no quiero que mis hijos tomen.

—Bueno, pues si no quieres que tus hijos tomen, no les des el ejemplo y no tomes—.

Y este es algo verídico, porque todavía Lucas vive, aquí vive arribita. Trabajó donde José Vallejo. Él nos lo platicaba todas esas historias que platicaba de…, y partes que platicaba de su padre de él. Su padre ya murió también, por accidente le mocharon un pie, que le habían detectao no sé si qué enfermedad le detectaron. Le mocharon un pie equivocadamente cuando le iban a otra clínica, no fue no, no, no que equivocadamente le mocharon su pie y él no quiso, nunca quiso demandar a la clínica. Y él ya murió de pura tristeza sin poder trabajar.