Encierros de toros

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Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 1247n

Informantes

Notas

La plaza se construía con talanqueras y cortaban la carretera. Se le añadieron puertas en los últimos años que estuvo en uso.

Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00026 25).

Transcripción

[Recopilador:] Y encierros había aquí entonces por la…

[Eduardo:] Sí, encierros muy buenos a caballo. Sí, sí, muy buenos. Este era uno de ellos. Sí, este era uno de los que iba siempre a caballo.

[Informante desconocido:] Claro, este era el delegao del Ayuntamiento, de festejos.

[Sergio:] Llevaba el bastón de alcalde para tener orden de los caballos. Porque igual había cien caballos. Y había algunos que se ponían tontos y espantaban a los novillos, en fin, había que… una persona que… Yo fui muchos años | yo fui a caballo muchos años.

[Recopilador:] Y los encierros esos, ¿cuándo se hacían? Los días de la fiesta, o sea…, el quince de agosto…

[Sergio:] Quince, dieciséis y diecisiete, sí, sí, sí. Aquí, aquí era lo siguiente. Los toros, como la desa la tenemos un poco larga, los vaqueros por la, l’amanecer se encargaban de traerles ahí como un kilómetro, ¿verdad? Ahí hasta [¿?] Ahí les tenían y ahí estaban ya concentraos los toros del día ese con los bueyes y demás. Y ahí iban llegando caballos, y caballos y caballos. Y a mí, como por ejemplo, venía uno de los guardas, que había guardas de capa también con caballos, venían a buscarme y ya, del Ayuntamiento cogía en las alforjas unos paquetes de pastas, cuatro o cinco botellas de aguardiente y unas copas y ya llegaba yo allí con el hombre: —Venga, hombre, a desayunar—. Había mucha gente de a pie. Además de a caballos, a pie. También Pinto que estaba allí pringao hasta que se acababa y se agotaba. Y ya decía: —Bueno, anda, venga, ¡hala!, entrar el ganado—. Y ya empezaba la, la…, la faena, claro. Por esta calle eran dos días y por la calle esta que venía de La Seca, por esa les traía otro día, otro día. Aquí…

[Recopilador:] ¿Se les traía hasta dónde?

[Sergio:] Hasta la misma plaza. Hasta la misma plaza. Yo, yo | hasta la misma plaza, que todavía tengo una fotografía que uno de los encierros, porque siempre, algún caballo tenía que tirar delante. Y los bueyes y eso, de principal un caballo alante, donde va el caballo, van los bueyes. Y detrás venían los toros, claro. Bueno, pues yo he partido varias veces a entrar delante de los toros. Y había que entrar en la plaza, pero teníamos luego ahí la calleja Pimentel para colarnos ahí con los caballos. Yo tuve la mala suerte, cuando me caí con la yegua, de que la acera esa que hay ahí de, de piedra, pues caí. Cuando eché la yegua para inclinarme al punto donde me iba a meter, se le mezclaron las patas la yegua y ¡pum!, tos los toros me brincaron la yegua y a mí todo, todo, todo. La yegua se levantó, yo también, yo eché a correr pa un lao, la yegua echó a correr y la yegua se unió al grupo de los toros que, que estaba en la plaza como un toro más. Así la dieron un | maretazo, que llaman, con la piel arriba, la hicieron un cachín de esos. Ya digo que hasta ahí entrábamos con… Fíjate, que eso lo he hecho yo y también me ha ocurrido eso, de saltarme tos los toros por encima.

Oye, es más, yo ahí no me di tanta cuenta, pero adonde hice un día el ridículo, francamente, y no fui yo, ¿eh? La cosa clara, fue el miedo, el miedo que tenía, si no, no hago yo aquel ridículo, vamos. En Pozaldez, fuimos Santiago Sastre, Manuel Morales, me parece que el otro era Fernando Maldonado y yo, con bicicletas a…, a Pozaldez, a los novillos aquella tarde. Bueno, pues una vaca de estas malonas, que el público… la rodea, la rodea, la rodea, la rodea, las cosas esas, le da el arranque a la vaca y claro, alguno tiene que caerse y caer al suelo. Y el que se cayó fui yo. Pero yo en el suelo, no podía estar, chico, yo no sé qué me pasaba, que no podía estar en el suelo. Pasó la vaca próxima a mí: ¡pu! Me hizo así, me llevó la mitad de, de, del traje. Y enseguida me fui a levantar, se volvió vaca, me cogió incorporao otra vez, ¡otra vez! ¡Cinco o seis veces veces, la pichona aquella! Y por último, pues tuvieron que dejarme en Pozaldez unos pantalones. Parece mentira, parece mentira que un cachín de vaca así sea tan larga cuando pasa por encima tuya. ¡Que aquello no se acababa nunca!

[Eduardo:] Que yo vi a un torero, a un torero muy varón que estaba el hombre con toro, ahí que no podía y le decía, un andaluz que decía: Ancójate, ancójate. Y se encogía, se encogía y, claro, y le pegaba más. Y era cuando ya le dejó la vaca, dice: ¡Pero, hombre, cómo, cómo no hiciste lo que te mandaba!. Si ya me, ya me encogía. Decía “ancójate”, que te hicieras el cojo, ¡pa que te hubieran sacao a la enfermería, hombre! ¡Ancójate, ancójate! Yo, sí me ha gustao mucho eso y yo he si- | soy muy torero.

[Recopilador:] ¿Y qué era eso del ubero que había en La Seca? El ubero que había en La Secta. Que venía siempre | yo he visto en La Voz de Medina | no, qué va. En La Voz de Medina he visto que ayer, cuando veía con su burra y no sé donde ha sido cogido el ubero y tal, que… le ha matao el toro”.

[Eduardo:] El ubero, ubero, ubero.

[Recopilador:] Ubero, sí. No, pero es que debía de ser una tradición pero que no era verdad. Y entonces, ponía en La Voz de Medina ya se sabe que esto es una trad- | y decía “deja el ubero dieciocho hijos, no sé que y tal”, y una cosa como de broma, ¿no? Pero yo no sé quién podía ser ese, tiene una | Tenía algún, alguna | Pues sería una, alguna broma, una tradición, que había de lo que fuera. Y es que lo he leído muchas veces en La Voz de Medina, que he estao mirando los periódicos de la…

[Eduardo:] Aquí, lo que había, una, una, una viuda que un año, hablando de, hablando de los toros, de si eran buenos o no y que eran toros que hacían bastante, bastante desperdicios en la gente, dice: ¡Bueno! ¡Estos toros, nada!. Dice: Buenos, buenos los toros, el año que mataron a mi marido!. Buenos los toros | Y es cierto, no es que | había una señora en Rueda que yo he llegao a ver, una señora que estrenaba todos los años el día de los novillos un mandil, porque salía la mujer en algunas. Se la tenía que romper un toro en la plaza.

[Sergio:] La señora Tomasa, la mujer del señor Valeriano, el barbero. La abuela de Tomasiña, señora Tomasa, que le llamamos.

[Informante desconocido:] Me contaron aquí lo que pasó en el año treinta y nueve, el tercer año después de la guerra, trajo mi padre al gobernador, que era [¿don Talaso?], que estaba el Ayuntamiento y acompañó a mi padre a los toros. Y eran seis u ocho toros de montaña. Y al tercer toro o cuarto máximo, había… tres muertos. Y treinta y tantos heridos graves.

[Sergio:] Pero tuvieron la culpa los soldaos, ¿eh?

[Informante desconocido:] Sí, bueno, es que había un batallón allí…

[Sergio:] Es que durante la guerra, aquí, hubo a los… los [¿fascistas?] aquellos italianos aquí tenían el cuartel general, como yo digo.

[Informante desconocido:] Era un batallón.

[Sergio:] Esas dos casas grandes que hay ahí enfrente, la de Argeo, que era la casa de cañas de Argeo, esa, y esa otra del bar ese, ahí estaban las tropas. Y en esa casa ahí pequeña, donde tuvo la farmacia Raquel, ahí tenían el estao mayor, ahí estaba la oficina. Bueno, como esa gente no habían visto nunca la función esa y, claro, la función esa, entre la gente que…, que estamos escarmentaos en la cosa, nos defendemos buenamente, así nos cogemos uno al otro, nos hacemos un hueco y nos burlamos del toro. Pero aquello se puso de soldaos así y…, y claro, ¡y no se movían! Los toros nos, nos saltaban a placer. Sí, sí, hubo saltos | Y aquel día [¿?] había traído tu padre al gobernador y tenía al gobernador allí en el balcón del ayuntamiento, tu padre. Tuvo que decirle: Anda, vamos pa casa. Y le trajo aquí a tu casa. Se trajo tu padre el gobernador.

[Informante desconocido:] Se suspendió…, se suspendió la corrida.

[Eduardo:] Sí, el último toro ya no lo torearon. Sí, ya suspendieron la corrida.