Restos de torturas

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Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 1296n

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Transcripción

Mira, cuando la secretaria de antropología sacó todos los huesitos aquí, brincando el puente este nuevo que hicieron aquí, allí adelantito, escasos cuatro metros, hay cuartos abajo, pintaos de rojo. Arriba del camino. Cuando entró la, la tu-, una tubería que hicieron para un drenaje, que nunca funcionó, porque sigue rota por este lao. Allí sacaron | ¿cuántos costales de huesos se, se llevaron los de antropología pa estudiarlos? Costales, así, mira, de huesitos que habí en-, entre, | que salieron allí entre, entre los cuartos allí. Nunca estudiaron, si taban comunicaos con el templo, ¿eh?, nunca se… | ¿Y por qué estaban tan | a una altura tan abajo?, ¿y por qué estaban en el mero camino? Entons, entons la gente ¿por dónde pasaba antes?, ¿por dónde pasaba? Es lo que yo no me explico. Si estaban los cuartos en el mero camino. Onde es la carretera antigua, así, en el mero camino. Ahí los descubrieron, y yo los vi, yo fui, mira, vi los cuartos, hasta [¿todos?] pintaos, mira, así, de allí era donde sacaron tos los huesitos. Eso son… | ¿te imaginas? Sería cuando el 1905 o, o, o sería un panteón que tenían los, los sacerdotes en aquellos entonces. Nadie lo sabe. Nadie lo sabe, porque los templos también tienen sus secretitos.

Mira, me platicaba a mí el difuntito Javier Villaseñor, que era ingeniero, Javier Villaseñor. Era un hombre de confianza, que le tenían confianza, porque él sí era muy, muy, muy, muy creyente. Él tenía hasta en su casa su sagrario. El don, don Tomás, don Tomás san-, don Tomás, este, don Tomás | el ingeniero Villaseñor, Javier Villaseñor. Y él era el que lo contrataban en la compañía para ver lo… | si había desperfectos en las bóvedas, en los muros, todo como ingeniero y todo. Y la confianza que le tenían. Y él nos platicaba, que hay un, que un | aquí abajo hay, hay, hay, abajo hay cuartos abajo. Incluso dice que se encuentran todavía onde, onde torturaban a la gente. Hay mesas onde lo torturaban a la gente allí. Cuando la inquisición, allí están, permanecen, eses de madera de mezquite. Allí están. Y nos platicaba más o menos cómo estaba la cosa, una cosa que te da escalofrío, te da escalofrío. Dice que había mesas, decía el ingeniero, que había mesas así, mira, onde los tendían. Eso era a los violadores. Dice que había mesas así, mira, onde na más le salían, le colgaban para abajo, le colgaban para abajo los… ya me entiendes, todo, ¿no?, los compañones o los… como dicen vulgarmente acá, los huevos, ¿verdad? Todo le colgaban para abajo. Decían que le ponían, que les ponían pesas, así con pesas, les ponían pesas así, mira, ¿eh?, y había un límite, había un límite, había un límite, ¿me entiendes?, había un límite. Así es que, diariamente, | pero no les dejaban morir, les daban agua y pan, es cierto que agua y pan, pa mantenerlos vivos, y los tenían allí amarraos, mira. ¿Quién oía los gritos?, ¿quién oía los lamentos? Ahí los tenían | cuando ya llegaban | ese era pa que se fueran al cielo | cuando ya llegaban a una altura que ya las [¿vinces?] se le reventaban, y que llegaban a una altura, porque diariamente le metían una pesa, ¿eh?, pa que sufriera. Y otra pesa. Hasta cuando ya llegaban a su límite, se los mochaban, ya se los mochaban y esos iban a parar al río. Porque si de, de lo contrario no podían ser enterrados en el panteón, porque sabes que los panteones todos decían que todos eran, eran campos santos. Y además todo eso le pertenecían a, al clero. Todos los panteones le pertenecían al clero. Por esa razón, pa que se fueran al cielo, y que Dios los perdonara, los mochaban allí. Pues los des-, descuartizaban. Dicen que había… donde los amarraban así, mira ¿eh?, y les daban vueltas y les daban vueltas y vueltas con unos tornillos y se les, les brota- | les sacaban las manos así, mira. Decía el maestro.

No me lo platicaba a mí, directamente no me lo platicó a mí el ingeniero Villaseñor, era mi amigo. Yo fui el que lo seguí tres años aquí y lo seguí y fui hasta, hasta Silao. En las, en las obras del municipio, ¿eh?, allá por el cincuenta y… | sesenta y cuatro, sesenta y cinco, ¿eh? Lo seguí. Pero eso por medio de don Tomás Santana. Eran íntimos, se platicaban todas sus cositas. Y me decía: “No vas a platicar eso, pero mira”, dice, “en la inquisición, cuando los españoles”, dijo, “lo que hacían es que allí existe”. Y, y aún me dijo: “Fíjate” y yo soy curioso y ya me fijé. Dice: “Fíjate cuando entras a la, la compañía, fíjate en los orillas, como hay unos, hay unos tubos que, que, que se, que, que es pa que resuellen las bóvedas de abajo”. No hombre, dijo: “Sí, ahí hay, ahí hay abajo”, dijo. Y yo, curioso, pos mira, onde ta el confesionario, más acá, un tubo así, mira, que sale del piso | dice: “Allí muchos niños se, muchos niños se echan al monederito, que les dan el monederito las, las mamás a los niños pa que anden así, los echan ahí pa dentro”, dijo, “y se pierde. Es pa que resuelle, pa que haga aire, oxígeno abajo”. Dijo: “Pero allí, ta todo el equipo abajo.

¿Será cierto? Yo sí le creía a la, la, a la Topacia y al ingeniero Villaseñor. Que sí era cierto lo que decía, porque era el que revisaba allí. Vio, secretos hay secretos, ¿eh?