La presa del Saucillo

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Había un hombre que le decían “el Vaca”. Se llamaba Andrés. Ya taba él hombre, ya no, no era un jovencito, ya taba, ya taba macizo. Entonces este platicaba que ellos se vinieron arrimando de, unos de Carbonera y acá de Calderones, se arrimaron atrás de las casitas que ta | onde ta la presa de la, onde ta la presa de, del Saucillo, atrás de las casas de los ricachones, como les decían, atrás de las casas se empezaron a arrimar allí. Entons dice que empezó a arrimarse gente allí a un lao y a otro, así, gente jodida así, de jabalcitos y todo eso, empezaron ahí a arrimarse. Entons dice que la presa, pues, muy bonita, porque la gente allí lavaba pero no echaba la, no echaba el jabón a la presa, sacaban l’agua y en el bordo lavaban pa que el agua cayera para fuera, para que tuviera el agua limpiecita. Po no sé cuál de ellos son algunos familiares por allí, dicen que no sé de ónde, si de Tabasco, Veracruz, no sé de ónde, unos familiares les trajeron un, un canijo cocodrilo. Así taba el cocodrilo. Así de grande, como unos sesenta centímetros que era. Dicen que lo traían hasta con una cadenita y le amarraban el hocico porque no, no querían, no quería cerrarlo, siempre andaba, andaba con el hocico abierto el cocodrilo, así, y con el hocico abierto. Y le ponían, le amarraban aquí el hociquito al, al, al cocodrilo, pues pa que se llevara más bonito pa que no se mira tan así, como, así como… retando a la gente, que le van a morder un pie, ¿no? Así lo traen al cocodrilito, que lo tenían en un canasto, de esos que le nombran colotes de, de, d’estos de, de carrizo.

Pero el tiempo, fue pasando el tiempo y aquel animal fue creciendo, creció. Dicen que lo mantenían con puras cabezas de, de pollo, no le daban más que ni pollo siquiera, puras, puras cabecitas de pollo. Fue creciendo, fue creciendo el animal aquel, al grado que pos ya taba tan grande el animal, se les escapó y este fue a parar a la presa, a la presa de ahí del Saucillo. Dicen que había muchas, muchos pescados, muchos pescados de colores. Y de todo tipo de pescaos, hasta tortugas al fondo allá en la, la colita, que había muchas tortugas. Y había una señora que tenía | vecina que tenía, de este, tenía muchas gallinas y patos. Así es que cuando les abría a, a sus gallinas, todas las gallinas andaban alrededor de él, de la presa, y los patos andaban entre la presa. Andaba en la presa sus patos allí. No, pos fue el primer disgusto que hubo con el dueño del, del cocodrilo. Pos empezaron a desaparecer, me imagino que este animal se empezó a acabar todos los pescados que había, ¿verdad?, tortugas y todo lo que había, pos comenzó con, con, con los patos. Empezaron a desaparecer los patos. Y allí fue el primer problema que tenía este hombre, pos que iban y que le decían: “No, pos que su hijo… en la que sé a qué…”, le platicaban Andrés, el Vaca nos platicaba que le platicaba su abuelito de esa historia. Entons dice que, pos tenían problemas allá con, con los dueños del, del, del cocodrilo. Y “no, que ahora me pagan mis patos” y que “no, pos que…” | y muchos decían que el cocodrilo ya hacía años que no lo veían. Y mucha gente decía que sí lo veían haciendo, agarrando solo. Y muchas gentes decían que no. Sus padres de, de este, de Andrés, el Vaca, decían que una vez cayó una tempestad arriba de la, arriba de lo, de la bufa, que él tenía la idea que, que el agua lo había sacado de, de la presa, el cocodrilo, porque sí andaba el cocodrilo, pero ya además demasiado grande, taba bastante grande. Bueno, total, que aquel fue el primer problema. Se acabó los patos.

Y enfrente vivía un hombre que trabajaba en la mina, trabajaba en la mina y ese hombre, pos no podía, no podía, joven todavía, no podía tener familia con su esposa. Y la que no podía tener familia era su esposa, porque él tenía una amante. Cuando al ver que su esposa no podía tener familia, se buscó un amante este hombre. Y entonces, esta pobre mujer, pos era muy sumisa, porque la tenía como una empleada. Dicen que llegandito de trabajar de la mina, lo primerito que hacía, terminando de, que sus alimentos ya fueran almuerzo, comida o cena, lo que fuera, la mandaba a lavar la ropa a la presa. Así es que la señora sacaba la, sacaba el agua de la presa y lavaba en el bordo. Como te digo, pa que no entrara el jabón a la presa, porque era una presa muy limpia. Así es que eso era diario. Mal modos, mal modos que le hacía a la señora, insultos y todo. Y eso a la hora que fuera, a la hora que fuera, si llegaba en la madrugada, a esa hora cenaba [¿?] y luego esa hora la mandaba a lavar los | la ropa. Porque era un hombre seguro muy limpio, para quedar bien con la amante, no con ella, porque pos… ya, ya con aquella mujer ya tenía familia.

Dicen que un día ya ca-, ya cayendo la tarde, según su turno, donde sí viene a trabajar este hombre. La vio, todavía la vio a la mujer, que taba lavándole la | que había cenao, taba lavándole la ropa a la mujer allí. Y este se fue a trabajar, ya cayendo la tarde, ya cayendo la oscuridad, ya casi oscuro. Entonces este se fue, dice que la | muy de mañana alguien pasó por el bordo y al ver el pantalón que taba atravesao en la presa, se fijó que había un pantalón. Dijo: “Ah, caray, un pantalón que se les olvidó”. Ya fue cuando se fijó que había más ropa abajo, a un lado, y que va fijándose que la señora estaba, estaba | se había ahogao entre la presa. Pero como me decía el Vaca, me platicaba el Vaca, que una parte no esta-, que no era ni en lo hondo. Dice escasos ochenta centímetros, en toda esa parte ahí donde lavaban allí, de este lado, dijo: “Allí estaba la señora ahogada”, dijo, “ allí la encon- |”, que le platicaba a sus abuelitos, “allí encontraron a la señora ahogada”.

Así es que pasaron los días y fue un tormento para el marido. Y el hermano vivía al lao de arriba, dice que le decía, que le decía el hermano que era el más chico y el mayor, que taba en el lado de arriba, dijo:

—Mira —dijo— no sé por qué razón —dijo—, pero mi… mi esposa —dijo— mira, va, va todas las noches que se… va conmigo y dice que se va a vengar de mi —dice— y todo…—.

Y que le decía el hermano. Dijo: —Pero tú, toa la culpa la tienes tú —dijo—, porque de antemano sabes que tienes familia con otra mujer —dijo— y a tu esposa la tratates mal, por eso te dice eso, que se va a venir a vengar de ti.

—Y no, pues mira, hermano, no seas malo, acompáñame, convéncele una… acá…

—¿Y cuándo? —dice.

—Mientras agarro el sueño, mira, que yo tengo días que no puedo dormir—.

El hermano iba…, iba a acompañar a su hermano allí, a platicar, y ya cuando miraba que se quedaba dormido su hermano, pues vivía no muy arribita, atrás de donde vivía él. Se iba el hermano y ya lo dejaba dormido: “Ya se quedó mi hermano dormido” dijo. Dijo: “Y todo”, dijo, “la culpa la tiene él”, dijo, “por tener la amante”. Hasta que llegó el momento un día que le dijo la verdad, le dijo él la verdad a su, a su hermano. Dijo:

—No, mira, ¿sabes qué, hermano? La mera, la mera verdad —dijo—, mi mujer no se ahogó —dijo—, yo le di una patada cuando taba lavando —dijo—. Yo me vine a trabajar ya oscureando y le di una patada a mi mujer —dijo— y por eso se fue a la presa y por eso se ahogó—.

Y por esa razón la mujer quería venganza. Y que así le decía, se le aparecía y decía: “Me voy a vengar de ti”. Y no solamente | ahí la venganza no solamente de él, sino sencillamente le culpó del momento que le encon-, el primer día que le encontraron. Él se hizo del inocente, conforme llegó, que se llevó “que se ahogó tu esposa”. Y no luego, lo primero, se fue contra, contra el dueño, el dueño, el dueño de la, el dueño del cocodrilo, que mucha gente decía que ya no aparecía, que ya no, ya no existía, y se fue y para despistar a la autoridad. Dijo: “No”, dijo, “la que es aquel que… | es el culpable”. Y allí había dos culpables, que era él y… no tenía ni por qué culpar ni…. ni por qué taba culpando al, al cocodrilo. “Y que tu cocodrilo ja-, y que tu cocodrilo fue el que jaló a mi esposa y que…” todo eso y que la canija. Dicen que | las autoridades dicen que metieron patos, de nuevo volvieron a meter patos. Pero había quién taba cuidando los patos. Tenían hasta jaulas y una lanchita, una, una barquita chiquita así, mira. Ya cuando los recogían en la tarde, porque querían que en el día, para ver si de veras se, se los jalaba el, el este, el, el cocodrilo. Entonces, no, pos desde ese momento ningún pato faltó. Todos los patos allí. Dicen que se aventaron como ocho días o… más de ocho días, quince días con los patos allí, con la lanchita los recogieron y to los, los patos se los llevaron. Sino hasta cuando él le dijo la verdad a su hermano. Que le dijo:

—No —dijo—, lo que pasa —dijo—, que tú | —dijo— yo fui el que la aventé—.

No, le dio tanto coraje al hermano que lo dejó solo. Dijo:

—No —dijo—, te quedas solo —dijo—, yo ya no te voy a acompañar —dijo— ¿Cómo es posible que haigas hecho eso? —dijo— Mira, no te, yo no te voy a de-, no te voy a denunciar porque eres mi hermano —dijo—, pero no te voy a volver a acompañar —dijo— ahí te quedas solo—. Lo dejó solo.

Dicen que un día en la noche, que aquel hombre daba de gritos. Pero gritos, gritos. Lo que es una desperación, gritos. Po no dicen que todos los vecinos que taban cerquitas a él, y el hermano, que salieron, pero sin nada, salieron a ver por qué gritaba el hermano. Dicen que el cocodrilo lo tenía apepenao de aquí, mira, de arriba de la rodilla. El cocodrilo lo tenía, mira, de aquí de la rodilla y que daba vueltas así, mira, el cocodrilo daba vueltas en el suelo, así, mira, que, como… | hasta que le arrancó la pata. Y ellos sin nada, que no más le gritaban, la gente, no más él. Y la gente de abajo, la gente que se había arrimao, que le gritaban: “¡eh!”, que si “¡vete!”… Pos qué le aventaban a la, al, al animal. Dice que el animal le arrancó la, le arrancó la pierna desde aquí y se fue derechito onde se había ahogao la señora. Allí se tarragó, ¿me entiendes?, allí se tarragó. Pero allí dejó la pierna. No se la tragó. Ahí dejó la pierna enterita. Ahí la dejó. Allí fue cuando él dijo…, allí fue cuando él dijo no solamente a su hermano, sino a los que | a los presentes que habían ido a auxiliarlo, que le dijo que era la venganza de su esposa porque él mismo la había ahogao.

Entons, dicen que este lo llevaron, lo llevaron al hospital. Lo que no sé | yo sí sé, toy consciente porque mi madre allí estuvo internada. Sé que La Normal fue un hospital también allí. Porque mi madre se le infectó un, una muela y la llevaron allí precisamente, allí a, a, a La Normal. Yo taba chico, chico. Chiquillo cuando fuimos con mi tía a por ella. Entonces, lo que no sé si allí enfrente taba el hospital desde entonces. Dicen que le amarraron al difunto a la | al hombre este, le amarraron con un rebo-, con un rebozo el pie, le enredaron para que no se vaciara. Pero de todas maneras, llegando a, llegando al hospital, lo mismo le dijo al doctor: “Anda, to-, to-, toavía estoy vivo”, le dijo al doctor. “Doctor”, dijo, dijo, “yo fui el que aventé a mi esposa a la presa”, dijo, “yo mismo soy el culpable, la ahogué yo”, dijo. “Y siempre culpé al, al, culpé al, al cocodrilo, y que fue que le había agarra-, agarrao del pie”.

Entons dicen que buscaron, dicen que fueron y sacaron, sacaron la pierna, que se la mochó, se la mochó. Le mochó la pierna y ahí estaba. No se la tragó, no se la tragó. Entons, ¿cómo | que quién le mochó la pierna? Si el cocodrilo no existía. Entonces ya como no había funcionao con los patos, dicen que le hicieron abujeros a la compuerta, porque la compuerta era de, de, de madera de mezquite. Le hicieron abujeros para que la presa se fuera vaciando al pasito y no fuera a caber, porque si quitaban las compuertas desde | si levantaban las compuertas, pos seguramente ni cuenta se daban si, si existía o no. Si el cocodrilo se fue entre el agua. Al quitar las compuertas sale agua de trancazo. No. Le hicieron abujeros a la, la, la compuerta, pa que la compuerta | la presa fuera bajando al pasito. Se fue bajando la presa y, y cuidando, todo el movimiento en la presa, en la [¿?], hasta que se vació la presa. No había rastros, en toda la presa no había rastros de ningún… si ni, ni siquie-, ni siquiera los esqueletos del, del animal aquel. Y por eso decían, decía su abuelito de, de Andrés, el Vaca, le decían, le decían que esa era la venganza, la venganza de la señora porque la ahogó y la venganza precisamente del cocodrilo, porque lo culpaban. Porque decía su abuelito que hacía años | gentes mentirosas que decían que lo veían agarrando, agarrando solo al cocodrilo. Decía: “No”, decía, “el cocodrilo desapareció. Desde ahí, no ves que… | se soltó una, una… que se soltó una culebra que había caído ahí pal lao de la cueva, de los cerros de la Bufa. Se soltó”, dice. Dice: “Y bordió”, dijo, el agua”, dijo, “cantidades”, dijo, dijo “la, la presa”, dijo, “subió un metro en el bordo arriba, un metro así”, dijo, “y para mí que ahí se fue el cocodrilo. Si existiera desde entonces”, dijo. A partir de allí, dijo, nadie lo volvió a ver. Había gentes mentirosas que decían: “Ay, no, si lo yo vi allí asoleándose”. Dicen que jamás volvieron a ver al cocodrilo. Pero esa | así le nombraba la venganza del cocodrilo y la venganza de la esposa. No, pos el hombre, po, pos lógico que murió, se vació, se vació el hombre. Pero murió, pero él mismo se delató que él mismo la había matao.