Historia del perro de Cosme

Audio

Clasificación

Informantes

Recopiladores

Transcripción

Yo conocí a otro hombre que se llamaba… Cosme, un güerote, ahí en la Galarza, un hombre grandotote él, güero, blanco. Y él platicaba precisamente el, el instinto que tiene el caballo y los perros. Un perro, un perro, como digo yo, sé que los perros cuidan al hombre, el mejor amigo del hombre es el perro, pero no de muerto, sino en vida, el perro en vida. Dice que él y su padre, cuando él | su padre dice que cuidaba to, tenía muchos caballos, cuando él tenía, cuando su padre taba, taba fuerte, él labraba las tierras y él cuidaba las vacas y los caballos, todo. Cuando ya no pudo su padre, entonces el padre cu-, curaba, curaba los animales y él labraba las tierras. Entonces dice que él tenía su novia, él tenía su novia allí en, en el, el rancho, allí en la comunidad. Pero esa novia no, pos no quería, no quería compartir, ¿verdad?, lo que él quería con él. No, la muchacha le decía que sí, pero que hasta que | pero primero que se casaran, porque pos, que se hubiera que si… si luego se arrepentía. Así es que la muchacha permanecía si darle su, su probadita al muchacho, su probadita, el, el, el… como se dicen ahora los muchachos, la prueba de amor. No se la quiso dar. Pero este tenía otra novia en otra comunidad. Retirado de allí. Pero como tenían caballos, primero iban a ver a la, a la novia de su rancho y siempre le insistía:

—Pos hombre, pos mira que sufro mucho…

—No, hasta que nos casemos, hasta que nos casemos—.

Pero él tenía otra que sí era, era muy espléndida. Ya que, cayendo la tarde, se iba a ver a la muchacha de la otra comunidad. Y para eso, dice que tenía un perrito chiquito. Dice: “Chiquito, muy curiosito, yo siempre me lo cargaba”, dijo. Lo sentaba aquí así, dijo, en la, la, la cabeza de la silla “y ahí voy”, dijo, “hasta por allá”. Dice: “El perrito se acostumbró a ir a caballo”, dice, “porque él iba viendo lo que yo no miraba”. Dice: “Él volteaba pa un lao”, dice, “no era un camino, eran puras veredas, anchitas, sí, veredas anchas”, dijo, “pero no eran caminos, eran puras veredas”, dijo, “porque el camino taba muy abajo, muy lejos”, dijo. “Puras veredas”, dijo, “donde no íbamos, yo a caballo y el perrito”, dijo, “iba más viendo lo que no veía yo y si me llamaba la atención a mí también cuando el perro se quedaba viendo y… el perrito”, decía, “ah, caray, canijo perro, mira, ahí va una, una, una liebre o un conejo” y el perrito, siempre se iba viendo de, de arriba. Le gustó tanto al perrito, fue creciendo, que no más lo miraba y se trepaba a la | y se paraba de manitas. Dice: “Ya fuera a que lo alcanzara yo”, dijo. De primero hasta chillaba, cuando lo agarraba de las orejas o de las manitas y chillaba. Dijo: “Se acostumbró tanto”, dijo, “que lo agarraba de las orejas, ya taba pesao”, dijo, “lo agarraba de las orejas y lo trepaba aquí y ya cachorro, ya más cachorrito”, dijo. Y lo mismo. Le, le gustaba porque dice que iba viendo p’acá y iba viendo para acá, el perro y el peligro para él, era el regreso, que ya regresaba de noche.

El perro creció, por supuesto que el perro creció. ¿Cuántas de las veces no solamente él y el caballo lo protegieron? Lo protegieron porque la muchacha era muy espléndida, me imagino que no más con él, sino con otros. Entonces dice que no más iba y le… le tocaba en la ventana y la muchacha salía y se metían entre el monte por allí, ¿eh?, ahí se metían entre el monte. Entonces dice que esa vez, dice que el perro se acostumbró ir adelante, ya cuando ya creció, el perro grande ya. Salía ya con él adelante y cuando ya el perro adelante, dice que oía, ya cuando venía de regreso, porque en la tarde todavía… viendo la, la, la claridad cuando se iba a ver a la muchacha allá, la que lo socorría. Ya de regreso, que se regresaba de noche, dice que el perro se adelantaba y cuando el perro se atrancaba: “A guau, guau, guau, guau” y él conocía el ladrido y “guau, guau, guau, guau, guau”. Dice: “Ese es mi perro”, dijo, “algo, alguien ta por ahí esperándome”. Y, y su padre eso le decía: “Cuando el caballo no quiere entrar”, dijo, “que se postrea, sáquele vuelta, hijo”, dice, “porque te anda en malos pasos y por ahí lo van a venadear”, dijo, “sáquele vuelta por otro camino”.

Dice: “Primero, que el perro me avisaba, que alguien me taba esperando, y el caballo se atrancaba”, dijo, “yo le sacaba vueltas por otro camino y el perro me salía adelante. Y así, muchas veces el perro y el caballo”, dijo, “me salvaron la vida”. Pero él tenía, él tenía unas ilusiones de comprar una moto, dijo: “No”, dice, “yo tengo unas ganas de comprar una moto”. Así es que, pos llegó el tiempo | ah, y no para eso… y para eso. En una de esas idas y venidas del tipo que tenía que ir a ver a la muchacha, que estaba su perro grandote, bien bonito. Dice que cuando… cuando ya se iba, se despidió de la muchacha, ya para regresar a su terreno, a su rancho, dice que no vio a su perro. Dijo: “Ah, caray, mi perro y mi perro”, dijo, “ay, ese es bien abusao”, dijo, “aquí me va a alcanzar o por aquí anda cercas”. Cuando dice que en el camino lo va viendo que taba tirao ahí el perro. No, pos ya lo conoció a la noche pero lo vio y dijo: “Ay, mi perro”, dijo, “hijo de la canija”, dijo, “me lo mataron”, dijo. O | pensando que se lo había matao alguna | él lo que le echaba la culpa, entre él y su padre, a alguna víbora brava le había mordido. Dice: “Una serrana”, dice, “una cascabel”, dijo, “o un acoralillo”, cualquier animal, había muchas víboras. Dijo: “Lo mordió”, dijo, “y pos, instantáneamente lo mató”.

Dijo: “No, lo agarré y me lo trepé aquí en la…, en la silla y ahí lo llevo. Dije: Mire, papá, que el perro”, dijo, “mire”. Dijo: “Ya lo revisamos”, dijo, “entre mi papá y mi familia, lo revisamos de… todo”, dijo. Su boca, dijo: “Le abrimos la boca, todo. Llegamos a la conclusión que al perro lo habían envenenao. No lo había matao ningún, ningún animal, ninguna serpiente”. Entons dice que dispués de muer- | dice: “No lo enterramos en el corral, porque lo queríamos todos”, toda la familia lo quería al perro. “No lo enterramos en el corral donde teníamos los animales, lo enterramos en el patio. Abrí el portal y lo enterramos en el patio allí. Allí le hicimos su | allí lo enterramos al perro”, dijo. Dice: “Van a creer”, le decía a don Teodoro, dice, “va a creer, maestro”, dijo, “que me iba a ver a la muchacha y, como quiera, pos iba bien”, dijo, “yo siempre me cargaba mi pistola”, dijo, “pero yo nunca pensé yo en matar a alguien o que me mataran”, dijo, “yo me la cargaba”, dijo, “pero yo nunca tuve intención de matar a nadie”, dijo. Dijo: “Yo nunca fui así que… yo iba con pistola pero no iba a matar a alguien, no, yo me la cargaba, sí”, dijo, “pero nunca con una mala intención”. Entonces se iba. Dijo: “El perro siempre me avisaba”, dice, “pero ahora se me ocurrió comprar la moto. Po ya dejé el caballo”. Dice: “Y ¿cómo don, don maestro Teodoro, cómo iba a oír yo, cómo iba a oír yo el ladrido del perro si me estaba avisando?, ¿cómo iba a oír yo con el ruido de la moto? Una cosa es el troteo del caballo y otra cosa es el ruido de la moto”. No hombre, dice: “Cuando de repente”, dice, “a lo lejos voy viendo”, dijo que se le cerraron así, mira, así más bien, que se le cerraron. Dijo: “Ay, hijo de toda la canija”, dijo. Y se le cerraron así, dice que eran cuatro, dos por cada lao, dijo. “Y desde allí”, dijo, “desde allí”, dijo, “no, lo único que hice”, dijo… que le sacó de vuelta, dijo, a otro camino que estaba más al lao de abajo. “Y le aceleré, al camino”, dijo, “no, pos si, si iba yo… que si caminos, pos que… partes bonito y partes no”, dijo. “Cuando yo ya sentí que me iban alcanzando”, porque hasta dice que le zumbaban los balazos, “cuando ya sentí que me iban alcanzando, lo único que hice, que apagué las luces de la moto y metí mi moto entre un matorral y allí”, dijo, “y allí”, dijo, “allí más abajo”. Dijo: “¿Qué hago?”, dijo, “me van a matar”, dijo, “y yo tampoco no quiero matar a nadie”, dijo. Entonces este dijo que se le hizo más cerca regresar con la novia, que irse a su rancho. Dijo: “Por la parte de abajo”, dijo, “porque sé que me van a seguir p’adelante, porque saben que soy de allá”. Dijo: “Me regresé por la parte de abajo”, dijo, “y como quiera me les escabullí y llegué, y llegué, y llegué exactamente”, dijo, “onde le tocaba a la muchacha”. Le tocó a la muchacha, le tocó a la muchacha y ya salió la muchacha:

—¿Qué pasó? —dijo.

No, y ya le platicó: —Fíjate, que me pasó to esto y lo otro…

—No —dijo la muchacha—, yo mi | fueras de mi casa, tú sabes que sí. Pero yo, pa mi casa no pueo meterte, porque tengo mi familia aquí. Todo lo que hacemos, lo hacemos a escondidas y sabes que nos vamos al monte. Yo a la casa, lo único que puedo hacer —dijo— es prestarte una cobija —dijo—, en un zarape que tengo—.

Le prestó un zarape allí y dijo: “Lo único que me | en un portal, lo único que me protegía eran unas macetas que taban alrededor”, dijo, “pero allí estaba yo a, a… a las manos de quien llegara allí”, dijo, “de un familiar de ellos o… las personas que me andaban buscando”. Entons, dice: “Allí estuve, y como hacía la parte de arribita”, dijo, “yo taba viendo p’abajo todo”, dijo, “todo el movimiento entre las macetas”, dijo, “yo no me movía”, dijo. “Allí no más”, dijo, “sí tenía la pistola, pero no era mi idea, yo no quería matar a nadie ni quería que me mataran”.

Dice que esos cuatro caballerangos, dijo, allí... dice que se quedaron paraos, se quedaron paraos allí, viendo la casa, viendo toa de ahí p’arriba la casa. Dijo: “Ay”, na más se encomendaba a Dios, “que no suban pa acá arriba”, dijo, “porque…”, dice, “aquí me agarran…”, dijo, “pos mataré a alguien”, dijo, “pero me van a matar”, y dijo y se encomendó a Dios y dijo, “¡ay!”, dijo, “sálvame de esta”, dijo, “y te lo juro que ya no vuelvo a andarme metiendo en estas cosas”. Dice que cuando ya aquello se quedó parao un rato, aquellos caballerangos se ganaron pa’dentro su rancho, se perdieron. Cuando él ya crio conveniente, dijo: “Allí le dejé su cobija a la mujer esta”, dijo, “y, y me fui”, dijo, “me fui de vuelta”, dijo. Dice: “Con este rumbo”, dijo, “ya cuando calculé dónde estaba mi moto, dije ya de ahí p’allá me voy en mi moto”. Dice: “¿Y qué cree?”, dice que encontrando | encontró la moto en el camino. Ya se le habían metido lumbre. Entonces ahí se dio cuenta de que sí lo andaban buscando a él. Sacaron la moto y ahí le metieron lumbre. Dijo: “Ya estaba la moto… ya la habían chamuscao todo”, dice, “puro montón de fierro allí”, dijo, “pos ¿qué me quedaba?”, dijo, “¿ya pa qué quería yo aquello? Ahí voy”, dijo, “por todo el camino”, dijo, “si eran algunos kilómetros”, dijo, “a caballo es cercas ”, dijo, “pero a pie es muy lejos. Y ahí voy”. Entonces aquellos, aquellos, aquellos hombres que lo andaban buscando, anduvieron en su comunidad, porque sabían dónde vivía, que no iban dando vueltas allí y al ver su padre, su padre del muchacho, al ver aquellos hombres que también los conocía, que eran de esta otra comunidad, de otro rancho, dijo: “Hijo, algo pasó”, dijo, “y es noche”, dijo, “y mi hijo no llega y estos lo andan buscando. ¿Cómo estará mi hijo? Estará por ahí herido, que le haigan pegao”, dijo, “no sé qué trerá”. Entons su padre dice que buscó a sus… familiares, y como él tenía caballos, dijo: “Hombre, no sean malos”, dijo, “vamos a buscar a mi hijo”, dijo. “Mi hijo anda de un | anda de loco con una muchacha de por allá”, dijo, “y no sean malos, acompáñenme”. Y ahí van. Dijo: “Otro susto que me llevé”, dice, “ahí vengo yo por todo el camino”, dijo, “por todas las vereditas”, dijo, “estaba bien lejos”, dijo, “cuando oí que venían, venían a caballo”, dijo. Y también eran cuatro de su familia. Que venían, dijo, y: “Hijo de la canija, a correr de vuelta”. “A meterme en el monte”, dijo, “a esconderme”, dijo, “ya”, dijo, “ya más no puedo”, dijo, “aquí me voy a esconder, si me encuentran pues ya ni modo”. Allí se encontró, no más que dice que le tocó la suerte que, que un | conocía la voz de un tío, una voz muy especial, dijo. Dice: “Conocí la voz de mi tío” cuando le iba platica-, platicando sería con su padre y que sería con su padre, porque le iba diciendo, dijo:

—Mira, nos vamos por aquí y de regreso, de regreso —que iban, eso iban diciendo los, los familiares de él. Dijo— Mira, nos vamos por aquí y de regreso —dijo—, tú te vas por la otra vereda y tú por otra vereda —dijo. Para… para ver que… | para tratar de localizarlo, que la canija—.

Él conoció la voz de su tío. Y entonces es cuando le gritó:

—¡Tío, tío! ¡Acá estoy!—.

Y ya fue…: —¿A ónde?

—Acá estoy escondido —dijo—, pos me escondí precisamente por el miedo de ellos, de sus familias—.

Y dijo: “Nos fuimos, ya me echaron en ancas y nos fuimos”, dijo. Ya fue cuando su padre le dijo:

—Vas a asentar cabeza —dijo—, porque, mira, te van a matar. Estos hombres anduvieron en el rancho.

—Pero, ¿cómo?

—Sí —dijo—, anduvieron en el rancho buscándote. Eran cuatro—.

Dijo: —Sí, papá, yo los vi —dijo—.

No, dijo, entonces fue cuando dijo. Ya, ya le había prometido que le dijo: “Ay, Diosito”, dijo, “si me sacas de esta, ya no vuelvo”. Y así fue. No, ya fue cuando le dijo a la muchacha, le dijo: “No, ¿sabes qué? Vamos a casarnos”. Dice que ya se casaron los muchachos y… asentar cabeza y todo. Y entonces dice que, pos el baile, dice, como la comida, el [¿?], dijo, y el baile toda la noche, todavía había baile… en el patio, bailando. Dice: “Y mi cuarto, en la pieza donde nos quedamos, tenía una ventana, precisamente al lao del patio. Y tenía otra ventana p’al lao del corral, p’al lao de atrás”, dijo. “Y toda mi familia, mis papás, mis mamás, mis hermanas, mis hermanas”, dijo, porque tenía hermanas, dice, “iban todos así”. No hombre, dice que cuál sería la sorpresa, dice: “Que ya, se terminó todo, se despidieron todos los… pues los más [¿?], los más parranderos”, dice, “tomamos y todo y… ya se fue toda la gente y… pues ya me metí en mi cuarto, a mi cuarto con mi, pos mi novia | esposa”, dijo, “mi esposa allí”. Dice: “Cuando empieza a ladrar el perro”. El que tenían allí en el patio. Que “guau, guau, guau”. Y la muchacha le dijo… y la muchacha, pos extrañada, dijo:

—Oí, oí, oí un perro —dijo—, y anda aquí adentro. Anda aquí en el patio adentro, a ver, asómate—.

No, ya fue cuando él le dijo: —No —dijo—, ese perro ya no existe —dijo—.

—Pero si lo tas oyendo —dijo.

—Po no, yo lo toy oyendo—.

Y no, y esa vez sí no lo oyó nada más él, nada más la, la novia y él; toda su familia. Porque él les platicaba, le platicaba a su padre, onde le decía al padre que…, que el perro ya después de muerto, dice:

—Me ha avisao allá en el… pos allá, en la parte del monte allá donde voy a | iba a ver a la muchacha, yo ya oía los ladridos, por eso me regresaba y cambiaba yo de…, como usted me decía, que cambiara de vereda.

—Entons ¿tú oías al perro allá?—.

Dijo: —Sí—.

Pues, como dice uno, era su padre, era su madre, pero ¿pa creerle? Que el perro lo oía, que ladraba por allá, onde andaba por debajo, pues era | taba, taba, taba dudoso. Sino le creyeron hasta cuando el día de su boda, que el día de su boda, que ya asentó cabeza, ya cuando se habían desaparecido todos, que empieza el perro a ladre y ladre. Que salieron todos, salieron él dijo | el papá, sencillamente dice:

—Oye, hijo, es el ladrido del perro, ¿verdad? Del perro.

—Si le estoy diciendo, papá, que allá me ladraba —dice—, ahora se está despidiendo. Porque ya, como ya asenté | voy a asentar | ya asenté cabeza, ahora ya tengo esposa, ya no tengo que andar saliendo allá a lo lejos—.

Fue la última vez | y toda la familia, para comprobarlo, que sí era cierto lo que él decía, el perro estaba ladre, ladre. Que salió el papá, salió la mamá y las hermanas de él, porque no tenía más hermanos, él era el único hombre, tenía na más hermanas. Y que salieron. Decían: “Mira”, dice, “la que tuvo más valor fue mi mamá. Ni siquiera mi papá, mi papá na más se quedó parao y mi mamá fue la que tuvo más valor de todos”. Dice que fue la que… la que le hizo que se callara. Porque se fue cayando | dice que ladrido, un ladrido fuerte. Dice que se fue arrimando la mamá. Dijo: “¡Ay!”, dijo, dándole las gracias, “gracias”, que le iba diciendo, le iba, la, iba la mamá diciendo: “Gracias”. Pero no me recuerdo… | lo que sí, me gustaría haber recordado ahorita el nombre del perro. Me suena así como Nerón, pero… no puedo asegurar que se llamaba Nerón. Pero me suena. Que le iba diciendo la señora el nombre del perro, dice: “¡Ay, gracias!”, dijo, “tú le salvates la vida a mi hijo, cuánto tiempo ya después de muerto le salvates la vida. Te lo doy | toy agradecido”, dijo, “toy, toy agradecido”. Dijo que se fue apagando, el ladrido fue más quedito, más quedito, más quedito, hasta que se, se, ya cuando la señora se paró cercas donde habían enterrao al, al perro. Se apagó.