El hueso cantor [ATU 780]

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Clasificación

Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 1403n

Informantes

Notas

Archivo sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00058 18).

En las anotaciones de campo, se identifica con el título "Los huesos que cantan"

Este registro ha sido editado en el marco del proyecto de I+D del Ministerio de Ciencia e Innovación “El corpus de la narrativa oral en la cuenca occidental del Mediterráneo: estudio comparativo y edición digital (CONOCOM)” (referencia: PID2021-122438NB-I00), financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

Transcripción

Este es un matrimonio y tenían dos hijos y ya cuando fueron mayores, pues en aquellos tiempos, ya hace muchos años, pues decía el padre: “Ala, hijos, ya sois mayores, os doy un pan y un queso y a buscar trabajo”. Entonces los chicos, ¿verdad? | Uno era más grande que otro, cogieron el pan y el queso y se fueron por el camino adelante a buscar trabajo. Y cuando iban por el campo, pues se encontraron a un señor, así con barbas, y en fin, y… le preguntó al mayor:

—Oye, ¿dónde vais?

—Pues vamos a buscar trabajo—.

Dice: —¿Y tú a quién quieres más, a Dios o al dinero?—.

Y él dijo: —Anda, yo al dinero—.

Decía: —Anda, vete para allá que tú no me vales. —Y entonces le preguntó al otro más pequeño— ¿Y tú a quién quieres más, a Dios o al dinero?—.

Dice: —Yo a Dios—.

Dice: —Bueno, pues mira, por haber sido bueno, te voy a dar tres narajitas de oro: una para ti, otra para tu papá y otra para tu mamá—.

Entonces iba el niño cantando, tan contento:

Tres narajitas de oro,
una para mí,
otra pa mi papá
y otra pa mi mamá.

Pero el mayor, pues no se conformó con esa suerte. Entonces, vino donde estaba su hermano y… amenazándole le decía:

—Dame una naranjita, porque, si no, te mataré—.

Y el otro, pues no se la daba: —Que no, que me las ha dado a mí porque son para mi papá, para mi mamá y para mí—.

Entonces el chico, el mayor, se la cogió una y se marchó. Pero claro, se la gastó enseguida y volvió otra vez. Y así hasta que le cogió las tres. Entonces, y como no podía | la última que le quedaba al niño no quería dársela, entonces le mató. Y, claro, le mató y se quedó con la naranja. Y, resulta que… le enterró allí en el campo, pero le dejó un dedo fuera. Y al | después de pasado mucho tiempo, pues pasó un pastor con sus ovejas y fue por allí y dice: “Uy, ¿pues qué es esto tan raro? Pues si parece un chiflato”. Cogió, le cortó, y se puso a chiflar con él. Y entonces, decía una canción así:

Señor pastorcito,
replíquele usted,

que mi hermano grande
a mí me mató

por las tres
naranjitas de oro

que Jesucristo
a mí me las dio.

Se asustó todo, claro. Dice: “Ay, pues yo se lo voy a llevar a las autoridades, a ver qué pasa con esto”: Llegó, se lo llevó al señor alcalde. Y el señor alcalde, claro, tocaba con el chiflato y lo mismo:

Señor alcalde,
replíquele usted,
que mi hermano grande
a mí me mató
por las tres
naranjitas de oro

que Jesucristo
a mí me las dio.

Y luego se lo dieron a la guardia civil y al juez y todo esto y claro, dijeron | bueno, no había más remedio que buscar a este hermano grande. Se fueron por los montes a ver si lo encontraban y claro, lo encontraron. Y allí, pues lo cogieron y le dijeron que cómo había hecho esto, le metieron en la cárcel y ya, pues, todo arreglado. Aquí termina este cuento.