El enano Saltarín [ATU 500]

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Clasificación

Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 1416n

Informantes

Notas

Archivo sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00060 08).

En las anotaciones de campo, se identifica con el título "Perico de los palotes".

Este registro ha sido editado en el marco del proyecto de I+D del Ministerio de Ciencia e Innovación “El corpus de la narrativa oral en la cuenca occidental del Mediterráneo: estudio comparativo y edición digital (CONOCOM)” (referencia: PID2021-122438NB-I00), financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

Transcripción

Esto era una señora, era una señora que tenía una hija muy tragona, muy tragona, muy tragona. Y un día se le había comido cinco empanadas que había hecho para la cena, y se puso a gritarla: “¡Ay! ¡Que mi hija se ha comido hoy cinco empanadas!, ¡que mi hija se ha comido hoy cinco empanadas!”.

Y entra una vecina corriendo: —¡Que pasa el rey!—.

Pasaba entonces por donde | pasaba la corte el rey, pues por los pueblos, pues toa la gente tenía que salir a verle y a aclamarle y todo esto. Entonces ella dice: “¡Ay! ¿Y qué hago yo ahora?”. Porque la había oído vocear. Y decía el rey:

—Si aquí hay una señora que está loca o, o qué pasa—.

Entonces dice: —No, qué va, es que mi hija se ha hilado hoy cinco madejas—.

Dice: —Ay, Dios mío, pos eso es lo que yo necesito, una niña que lle- | que hile mucho porque yo tengo muchas madejas pa’arreglar, ¡mándemela a palacio! Que tiene que hilarme—.

Entonces la señora, toda asustada: ¡Ay! ¿qué haré yo, Dios mío? Pero si no sabe hilar, ¿qué hacemos? —dice— ¿Qué haré yo?—.

Bueno, pues estaba la pobrecica llorando. La mujer se marchó a casa y decía: “¡Ay, Dios mío! ¿Cómo que | cómo la arreglaré yo? Y la niña llorando allí en una habitación que le habían puesto en el palacio y un montón de, de la lana hilar… unos pellones terribles.

Y la pobrecica llorando, entró por una ventana un enanito y la dice:

—¿Qué te pasa?, ¿qué te pasa, por qué lloras?—.

Dice: —Es que mira, me había comido cinco empañadas, pasaba el rey, se lo contó todo y mi madre dijo que me había hilado cinco madejas, y yo no sé hilar—.

Dice: —Mira, no te preocupes que yo te voy a, a llevar todos los días la lana y te la traigo, te traigo hiladas cinco madejas todos los días. Pero cuando termine de hilarte todo este montón, me darás lo que yo te pida—.

Dice: —Bueno, yo te daré lo que tú quieras, no te preocupes—.

Entonces, pues todos los días lo hilaba, y ya le quedaban muy pocos. Se lo llevaba, se lo daba al rey y todos tan contentos. Entonces, cuando ya le quedaba muy poco, muy poco:

—¡Ay, Dios mío! —dice— Bueno, ¿qué me vas a pedir? —dice— porque no hemos hablao de esto—.

Dice: —Pues te voy a pedir que sepas mi nombre, a ver si sabes cómo es mi | cómo me llamo y entonces no te pediré nada—.

Dice: —¡Ay!—.

Pues todos los días ya los últimos días le decía que si de nombres: “Te llamas Juan, te llamas Pedro”. No se llamaba de ninguna manera.

Entonces, llegó una vecina un buen día a hablar con su madre. Y dice:

—Hija, me ha pasao una cosa más curiosa —dice—, iba a pa-, por leña al bosque —dice— y en el tronco de un árbol —dice— sentí que, que había una rueca. —Dice— Me acerqué —dice—, y claro, él no me vio —dice— y había un enano hilando —dice— y estaba cantando: “Yo no tengo nombre ni tengo motes, que me llaman Perico de los palotes”.

Entonces la madre dice: —¡Ay, gracias Dios mío! —dice—, que es lo que yo quería saber—.

Fue corriendo y se lo dijo a la hija:

—Mira, hija, se llama Perico de los palotes—.

Entonces, cuando llegó el enanito, que ya no le quedaba nada, dice:

—Mira, —dice— te llamas —empezó por otros nombres para que no le pareciera que había sido una cosa que se lo hubiera dicho nadie—, te llamas esto, te llamas lo otro, te llamas…—.

Dice: —No, no, no —ay, el enano daba saltos de alegría—, que no, que no me llamo así—.

Dice: —Pues te llamas Perico de lo palotes—.

Y entonces: —¡Ah!—.

Se puso todo furioso, todo furioso, se marchó y andando. Y, y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Resumen de ATU 500

The Name of the Supernatural Helper. (E.g. Tom Tit Tot, Rumpelstilzchen, Trillevip.) A father (mother) boasts that his daughter can spin gold or impossible amounts of yarn. Or, a mother beats her daughter because she is lazy. The king asks why and the mother says she will not stop spinning [H914].

The young woman's talent is to be tested and she is shut in a room to spin [H1021.8, H1092]. If she fails she will die, but if she succeeds the king will marry her. She cries. A supernatural being (a little man) agrees to help her [02183] if she will promise him her first child (herself) if she cannot guess his name [H521, S222, S222.1]. ln some variants she has to remember his name after a long time.

The young woman passes the test and the king marries her. After a year the little man, certain that she could not guess his name, comes back to take her child away. By chance the name is discovered (by a servant, the husband or the woman herself) when the little man sings it triumphantly in the forest [N475]. When the woman says the correct name to the helper he vanishes or sinks into the earth [C432.l]. (Uther, 2004: I, 285-286)

[El nombre del ayudante (P.e.: Tom Tit Tot, El enano Saltarín, Trillevip). Un padre (madre) alardea de que su hija puede hilar oro o cantidades imposibles de hilo. O una madre golpea a su hija porque es perezosa. El rey le pregunta el porqué y la madre dice que no parará de hilar [H914].

Ponen a prueba el talento de la joven y la encierran en una habitación para que hile [H1021.8, H1092]. Si falla, morirá, pero si lo consigue, el rey la desposará. Ella llora. Un ser sobrenatural (un enano) accede a ayudarla [02183] si le promete entregarle su hijo si no adivina su nombre [H521, S222, S222.1]. En algunas variantes tiene que recordar su nombre después de mucho tiempo.

La joven supera la prueba y el rey se casa con ella. Después de un año, el enano, seguro de que no podrá adivinar su nombre, regresa para llevarse al hijo. Descubren el nombre por casualidad (un criado, el marido o la misma mujer) cuando el enano lo canta triunfante en el bosque [N475]. Cuando la joven dice el nombre correcto al ayudante, este desaparece o se hunde en la tierra [C432.l] (traducción de Alba Pegalajar Espinosa)]