La feria y el cortijero

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Clasificación

Fecha de registro:
Referencia catalográfica: 1754c

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Notas

Se trata de una versión del poema La feria y el cortijero, escrito por el prieguense Manuel Muñoz Jurado, apodado "El Morenico".

Aclaraciones léxicas:

el Llano: se trata de una famosa plaza de Priego.

Elena Pimentel, cuya voz ha quedado registrada en el archivo sonoro, es amiga de la familia de Encarna.

Transcripción

Un cortijero muy joven
tunillo y modernizado
vino a la feria este año
quedando de ella asombrao.
 
Loco de contento, vuelve
al cortijo emocionao
a contárselo a su padre
lo que había disfrutao:
 
—¡Ajú, papa, qué feriazo!,
las calles llenas de gente
con altavoces zumbando.
 
Unos comen papas fritas,
otros el helao chupando,
otros vendiendo corbatas
y to el mundo trajinando.
 
Llenico to de cachuchos,
que no cabía un garbanzo;
y de turrón, más que nunca;
tos los puestos rebosando.
 
Me jarté de tejeringos,
con chocolate pelando,
me subí en los caballicos,
y me monté en el látigo.
 
¡Nunca lo hubiera yo jecho
meterme en aquel trajín!
El estógamo se puso
inframao como un cojín.
  
Cuando ya me aserené
de aquel terrible mareo,
me curé con un Tan Tan
y me fui hacia el Paseo.
 
Allí se estaba en la gloria
con aquellos riflectores
cuajaícos de muchachas
más bonicas que las flores.
 
Había un jardín por dentro
con muchas flores y plantas;
en el techo farolicos
con luces verdes y blancas.
 
Bailaban allí toiticos
sobre una fuente muy larga;
¡qué bonico estaba aquello
con los chorricos del agua!
 
Y luego me fui volando
por el Llano* a ver el circo;
aquello tiene mandanga,
¡ajú, papa, qué bonico!
 
Unas mujeres había,
¡por lo menos veinticinco!,
que corrían por la nieve,
sin menear el jocico.
 
Un saltarín dando trechas
jugando con un payazo,
era reventar de risa.
¡Ajú, papa, qué feriazo!
 
Papa, vende la yunta
la cochina y el borrico
y compra una casa en Priego,
que quiero ser señorico.
 
[Com. 1: Eso era un hombre que había aquí en Priego. Y sabía otras dos más, pero las otras dos es que no me acuerdo na, na, na, na. Es que ya no | Decía | Era un hombre que había aquí en Priego y le dio por…, por contar d’eso, de esas cosas, y decía muchas tonterías.]
 
[Com. 2:
Encarna: —Si eso es cuando pusieron | De eso no te acuerdas ni tú. ¿No pusieron una vez la feria en el Paseo las Rosas?
Elena*: —De eso no me acuerdo yo, Encarna.
Encarna:—¡Claro, como te vas a acordar! ¿La feria no es, no ha sío de toa la vida de Dios en el Palenque?
Elena: —Sí, yo la recuerdo toa la vida de Dios en el Palenque.
Encarna:—En el Palenque. Bueno, pues luego se la llevaron un año, pusieron los caballicos allí en…, en…, al lao de la iglesia aquella, en aquello. Y ya, en aquello estaban las flores, en el chorrico del agua, allí hicieron la caseta. ¡Ya ves tú, la caseta! En el Paseo las Rosas, la caseta; por eso yo digo: “los chorricos del agua. ¡Qué bonico estaba aquello con los chorritos del agua!”
Elena: —Entonces de eso ya hace años.
Encarna:—¡Años! ¡Te digo! Tendría yo diecisiete años.]