Criada calumniada por amor

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Notas

Se repiten los versos 2, 4, 6, 12, 16, 18 y 20.

Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00018A 12).

Bibliografía

Otras versiones de "Criada calumniada por amor"

Álvarez Cárcamo (2019: 10.6); Pimentel García, (2020: n.º 91); Salazar (1999: n.º 183).

Ver referencias completas en Fuentes citadas abreviadamente.

Transcripción

Por las calles de Madrid     iba una noble criada; 

iba rendida de amores,     y a nadie ponía cara.

El amo la perseguía,     andaba de sala en sala, 

andaba de en cuarto en cuarto,     como un león cuando brama.

No sabe la mi mujer,     nos ha marchao la criada,

nos ha llevado el dinero     y el talego de la plata. [Com.]

Siete años van para ocho,     nunca se la ha visto nada. 

Aparéjate el caballo,     te marcharás a buscarla, 

la quitarás el dinero,     otro daño no la hagas.

En el medio del camino,     al amo ya le pesaba. 

¡Oh, río, cómo lo creces!     ¡Oh, fuente, cómo lo manas!.

Doña Ura, que lo ha oído,     se ha encultado entre las ramas. 

Si tú te dieras a mí,     serías ama en mi casa; 

tú serías mi mujer     y mi mujer tu criada.

No quiero que por mí sea     la mi ama maltratada, 

ni quiero que los criados     a mí me llamaran ama, 

ni quiero que mi familia     por mí sea deshonrada, 

ni los niños de la calle     me llamen mujer mundana. 

Entonces métete monja     del convento Santa Clara. 

Eso sí que lo haré yo,     porque a eso estoy obligada.

El sábado puso el paño,     el domingo cayó mala, 

el lunes ya se murió,     y el martes ya la enterraban. 

Las campanas del país,     desde muy lejos se oían; 

unas dicen "¿quién será?",     y otras dicen "¿quién sería?" 

El alma de doña Albora,     que para el cielo subía. 

 

[Com.: Se lo decía la mujer.]

Resumen de "Criada calumniada por amor"

Un individuo está enamorado de su criada, pero ella lo rechaza y se marcha de casa. Desesperado, el caballero le cuenta a su mujer que la sirvienta les ha robado la plata y le anuncia que irá a buscarla. La encuentra recostada en el camino y la acusa de ladrona. Ella le asegura que no es cierto. Entonces, el caballero le declara sus verdaderas intenciones. Ella le pide que se detenga, pues no quiere ser repudiada por la sociedad y menos aún ser la culpable de la deshonra de su esposa. El caballero queda admirado de la pureza de la joven y acepta sus deseos de ingresar en un convento.